domingo, 20 de diciembre de 2009

Yo también viví la Invasión


Tenía seis años el 20 de diciembre de 1989. Tal vez no tenía muy claro lo que pasaba al país en ese momento, pero si escuchaba mucho el tema de la crisis. A mi papá le pagaban con bonos del Rey, escuchaba el sonar de las pailas con ecos por todo el barrio y de Noriega sabía que en la tienda vendían un dulce con su nombre.
Esa mañana, cuando me desperté en mi casa en San Miguelito, recuerdo haberme extrañado porque a mi lado estaba durmiendo mi prima Aracelys, hoy mi comadre. Ella, mis tíos, y el resto de mis primos, había llegado a refugiarse en la casa. Como muchos de sus vecinos, ellos fueron desalojados de donde vivían, en las cercanías a un cuartel que hoy es el edificio de la Alcaldía de San Miguelito, por los bombardeos. En mi casa pasamos de ser cuatro a casi quince personas.
Se hablaba mucho de todo. Recuerdo estar preocupado por no poder ir a la escuela y que en la radio me asustaba mucho un hombre que pregonaba “los niños ahora pueden estar felices porque sus padres saldrán de la cárcel”. En nuestra televisión de blanco y negro no se podía ver “la pequeña Lulú” y solo se sintonizaba Canal 8 con mensajes en inglés que nadie entendía.
Desde mi casa se veía pasar helicópteros, aviones y por la vereda a los batalloneros corriendo. Uno de ellos, años después, se convirtió en Representante de nuestro corregimiento. Algunas noches fuimos a dormir varios de los vecinos en una sola casa, pues se decía que iban a venir a matar a los hombres y a violar a las mujeres, por lo que los hombres hicieron una barricada con hojas de zinc y estuvieron alerta con machetes y otros objetos contundentes con el fin de evitar cualquier intento de tal amenaza. Aún tengo la imagen de mi papá con un bate de madera en las manos, por si las moscas. Afortunadamente nada de eso pasó.
De día nos mandaban a los niños a refugiarnos bajo la cama, pero yo nunca quise, quería ver todo lo que pasaba y escuchar cuando sonaban las “bombas de gas”. Poco a poco el miedo pasó. A mi casa llegó del saqueo, cajas de Jamonilla y Pork and beans. Eso comíamos todos los días. Mi regalo de navidad ese año fue un robot que disparaba unas monedas, creo que también llegó del saqueo. Mis tíos relataban como en el almacén Fuerte habían matado a varios, y como los gringos decomisaban mercancía.
Como niño, lo mejor que pasó en ese tiempo eran las bolsas alimenticias de los gringos. Traían galleta, chocolate, queso y culei.
Mientras crecí fui atando cabos. Recuerdo que la invasión fue un tema obligado en la escuela. Siempre escuchaba los mismos cuentos todos los años con detalles diferentes. Ahora entiendo mejor, pero aun siguen muchas cosas confusas para mí. Duele saber que murió mucha gente inocente, pero por otra parte me alegra haber crecido en un país libre y donde mi profesión no es un factor de amenaza para mi vida. Al menos hasta ahora.
La invasión dejó huellas imborrables en los que la vivimos. Ojalá hubiese existido otra forma de lograr lo que la motivó. Ojalá hubiésemos tenido gobernantes honrados que nos evitaran ese trago amargo. Ojalá no quedaran secuelas hoy. Pero afortunadamente hoy podemos decir que superamos esas heridas y salimos adelante, con mucho trabajo y lagrimas, pero lo hicimos. Cuando miramos las heridas es imposible evitar el llanto, pero que eso no nos deje caer.

Ayer, cuando regresaba del Causeway de celebrar el cumpleaños de mi amiga Denise, pasamos por El Chorrillo, a la hora que justo dicen todos comenzaron los ataques: 11:50pm. Bajé el volumen de mi radio, y le dije a mis amigas que guardáramos un minuto de silencio por las víctimas inocentes de ese día. Estaba todo callado, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, pero casi finalizando el minuto se escuchó un “plo”. -¿Será una bombita?- dije en alto. No tuvimos respuesta. Esas son las heridas que no dejamos sanar, y en las que debemos empeñarnos en curar.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Altas estimaciones (Fail)

Una noticia que aparece hoy en la Critica habla sobre las villas navideñas de nuestro “querido” alcalde. La nota dice que las villas navideñas contarán con juegos mecánicos totalmente gratis, lo que me parece genial. Lo que es lamentable, es que según la nota William Solórzano, ingeniero de operaciones de la empresa Iron City Park, dijo que se espera que “se espera que unas 150 personas disfruten de toda la adrenalina y diversión que ofrecen los juegos mecánicos”. ¿Solo 150?
Yo creo que o, las estimaciones del señor Solórzano son muy bajas, o quien redactó la nota se confundió, por que si el parque abre desde mañana 17 hasta el 27 de diciembre son once días y solo podrán disfrutar de 13.63 personas por día. Y eso que dicen que el día de la inauguración de las Villas hubo más de 15.000 personas.
Bueno, yo que tenías mis esperanzas de disfrutarlo me las veré verde para subirme “al pulpito o a dino fly”.


lunes, 14 de diciembre de 2009

Lo peor del 2009

Ya se acaba este año, qué rápido se pasó. Tengo en mente muchas cosas para el próximo año, pero me quedo pensando este que se nos va, y caigo en cuenta de cuánto debemos mejorar. Sin embargo me quedo viendo todo lo que me produjo “coraje” (por decirlo bonito) durante el 2009 y quiero deshacerme de ello, así que con este ranking, espero superar todas mis rabietas. Con ustedes “Lo peor del 2009”

Mención honorifica: Extraterrestre de Cerro Azul:

No hablaré más del pobre “perezoso” muerto a pedradas por unos niños, pero también captó la atención mundial.


10. Inundación en la ciudad:



Aunque no tenemos control sobre la lluvia, fue muy triste ver como el pasado noviembre los torrenciales aguaceros que cayeron sobre la ciudad inundaron como nunca las calles de Panamá. Varios conductores quedaron atrapados y por poco “ahogados” dentro de sus vehículos, porque las calles se convirtieron literalmente en ríos. San Francisco, uno de los corregimientos más exclusivos de la ciudad, sufrió las consecuencias más drásticas. Las calles circundantes a Atlapa tenían más de un metro de agua, y el hotel Sheraton vio como su piscina y su sótano rebosaban en agua. ¿La culpa de esto? Nosotros mismos, las alcantarillas de la ciudad están prácticamente saturadas de nuestra propia basura, aunque las construcciones del área también tienen la culpa. ¿Cómo es posible que cemento y caliche circulen por las cañerías? ¿Quién los castiga?

9.Logo del Metro:




Con bombos y platillos se anunció, dos días antes de la fecha en que se debía, que Ricardo Salteiro era el ganador del concurso de logo para el metro de Panamá. Lastimosamente su sonrisa solo duró 10 horas. Terminando la tarde, Presidencia anunció que se le revocaba el premio al diseñador por un asunto de plagio (es logo es similar al de Barcelona TV). Solo se necesitó el anuncio para que en Twitter y Facebook comenzara una campaña viral para desacreditar lo que el jurado escogió como mejor. Y tuvo efecto, ya que ese mismo día se descalificó la propuesta de Salteiro. Casualidad? Plagio? Eso solo lo sabrá Ricardo. Lo cierto es que el logo debía escogerse el 20 de noviembre y presentarse oficialmente el 1 de diciembre de 2009, pero nada de eso pasó. Ya nadie habla del tema ¿Será que esperan que se nos olvide?

8.Novelas:



Como es posible que panamá se embobe con cosas como “el cartel de los sapos”, “Sin tetas no hay paraíso”, “Pandillas: Guerra y Paz”, “Los protegidos”. No vi ninguna de estas cosas, pero no es necesario para que opine, esto no es ¿apología del delito? Con una propuesta nacional bastante chabacana, lo único que saben ofrecer los canales locales más populares son contravalores. Feo.

7.Privilegios para diputados:




Se les llama los padres de la patria, pero por eso ¿Hay que pagarles todas las cuentas? Los diputados encima que devengan uno de los salarios más altos del gobierno, insisten en mantener los “privilegios” que les otorga por ser quienes son. Esto a pesar de que muchos plantearon quitárselos como tema de campaña, pero nomás llegaron a la Asamblea y se les olvidó. Los ciudadanos pedimos respeto. Solo hace unas semanas la Asamblea Nacional desembolsó $89 mil para pagar los servicios de telefonía móvil a los 71 diputados. Con eso hubiese comido al menos 89.000 panameños que sobreviven con menos de un dólar diario. Triste.

6. Semáforos Inteligentes:


180 semáforos fueron comprados por el Estado para “agilizar” el tráfico insoportable en la ciudad capital. Con un costo de $22.3 millones, los semáforos comenzaron a ubicarse “estratégicamente” en toda la capital, después descubrimos que la estrategia consistía en ponerlos cada 100 metros. No pasaron ni un mes andando cuando fueron suspendidos. Todavía nos preguntamos a quién debemos culpar por esta gran trastada.

5. Confucia:




Giosue Cozzarelli puso a Panamá de moda. Por un par de días todo el mundo, en todos los idiomas se burlo de nosotros. Nadie le niega su belleza, pero para meter la pata de semejante manera y no rectificar si no hacer alarde hay que tener poco allá arriba. Encima querer aprovechar disque lanzando su imagen internacionalmente…pobrecita.

4.Balbina:
La ahora blanca paloma, creyó que los panameños tenemos amnesia. Se lo grito: NO, SEÑORA, PROHIBIDO OLVIDAR. Nadie que fue amigo de la dictadura será amigo de la democracia. Afortunadamente ya vivimos en un país libre donde nadie se pone de a dedo. La “chola” nunca me convenció, pero dejé de fiarme cuando traicionó a su ahijado “Juan Carlos Navarro” (de no haberlo hecho hoy otro bin bin cantaría en la presidencia). Memorable fue el show del latazo y su pretensión de que Martinelli la llamara cuando perdió.

3. Diablos Rojos:



Hasta cuando Panamá sufrirá la desgracia de estos asesinos del volante? Ellos simplemente siguen haciendo lo que les da la gana y las autoridades se lo permiten. Atropellos, accidentes terribles, choques, pavos, choferes drogados, regatas, son el pan diario para los miles de panameños. Aunque ahora tratan de convencernos de que el “MetroBus” cambiará todo, nos cuesta creerlo mientras ellos sigan en la calle.

2.Violencia:



Mireya nos prometió la “Mano Dura”, Martin “+ seguridad”, Martinelli dijo algo similar, pero nada de eso ha pasado. Todo lo contrario, la violencia sigue aumentando y todos nos sentimos amenazados hasta en nuestra propia casa. Se sabe que existen unos 255 grupos organizados para el crimen en Panamá y que en los primeros 11 meses del actual año se produjeron 108 muertes por los enfrentamientos entre estos grupos. No solo eso, datos de la Dirección de Investigación Judicial señalan que de enero a noviembre se cometieron en Panamá 699 asesinatos, con 641 víctimas del sexo masculino y 58 del femenino, cuando en todo 2008 hubo 573 homicidios. Esto sí que da miedo.

1.Bosco:


El alcalde de la ciudad de Panamá con todo y su carisma (…) ha decepcionado a casi todo el país con sus actuaciones dudosas y sus “metidas de pata”, que ya a todos nos queda claro que “por la (gran) boca, muere el pez”. Primero fue el asunto inconcluso de su doble nacionalidad, luego el cheque de viáticos para su esposa, su jefe de seguridad con un proceso por narcotráfico, sus piscinas de un millón de dólares, los contratos directos y como si fuera poco no recoge la basura de la ciudad. Nunca he estado de acuerdo con Bosco ni en Bailando por un sueño, y lo único que me resta decir es “se los dije”. Ojala que el señor caiga en cuenta del bochornoso papel que está haciendo, y tome la decisión que todos estamos esperando.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Erika Ender es una masoquista (Como yo)

Amo esta canción, es como si me leyera la mente.
Lo mejor, orgullosamente panameña.




Ya sé que no mereces ni una lagrima mía
Que al pensar en ti malgasto mis días
Con el corazón colgado de una llamada que no siempre llega
No entiendo que poder ejerces sobre mi misma
Que me descontrolas sin que nada lo impida
De ti depende más de lo que te imaginas
Aunque no te enteras

Eres una veleta, una misión sin causa
Que ya está perdida
Si no hay nada que hacer seguiré en pie de guerra
Es un acto suicida

Coro:
Ya lo sé pero me das un beso y vuelvo a caer
Mi voluntad por ti se vuelve a esconder
Y aunque mi mente de la orden
Nuevamente el cuerpo me desobedece

Otra vez con tres palabras me puedes convencer
Creo en ti porque lo pide mi fe
Y cuando pienso que te tengo nuevamente te desapareces
Sé que es mi terquedad la que hace que resista
Pero quererte así me vuelve masoquista

Cuando te conocí deje de conocerme
Y me convertí en todo lo que quieres
Aunque estoy consciente lo que tú me das jamás es suficiente
Se cual es la salida de tu laberinto
Si no la he tomado es porque no he querido
Cuando estoy a punto siento que mis pies
Regresan por instinto

Eres impredecible y aunque no lo quieras siempre me haces daño
Si no vas a cambiar es mejor no pensar que existen los milagros

Coro:
Ya lo sé pero me das un beso y vuelvo a caer
Mi voluntad por ti se vuelve a esconder
Y aunque mi mente de la orden
Nuevamente el cuerpo me desobedece

Otra vez con tres palabras me puedes convencer
Creo en ti porque lo pide mi fe
Y cuando pienso que te tengo nuevamente te desapareces
Sé que es mi terquedad la que hace que resista
Pero quererte así me vuelve masoquista

Ah Ah Ah
Ah Ah Ah
Ah Ah Ah

Oh Oh Oh con tres palabras me puedes convencer
Creo en ti porque lo pide mi fe
Y cuando pienso que te tengo nuevamente te desapareces
Sé que es mi terquedad la que hace que resista
Pero quererte así me vuelve masoquista

Sé que es mi terquedad la que hace que resista
Pero quererte así me vuelve masoquista

domingo, 6 de diciembre de 2009

Cuento: El Secuestro

El Secuestro

Por Dionisio Guerra

Bao descubrió que había alguien viviendo en su cuerpo un día en que inauguraban un importante centro internacional de comercio en la Zona Libre. Primero pensó que le había atacado el sueño, pero cuando estaba a punto de dormirse logró verlo con el rabito del ojo tratando de escurrirse hacía su nariz. Intentó perseguirlo, pero el sujeto hábilmente se le escapó por el conducto ocular. Mientras lo seguía hacía dentro de sí con la vista, parte de la comitiva que lo acompañaba se levantó asustada a socorrerle, asombrados de que al Señor Presidente se le estaban virando los ojos.
A partir de allí comenzó a observarle en innumerables ocasiones, casi siempre en actos oficiales y cenas con embajadores, pero trataba de comportarse como si nada pasaba para no alterar a los funcionarios que lo acompañaban.
No fue hasta que el Papa visitó su país que Bao comenzó a preocuparse por el sujeto que vivía dentro de él, porque esa fue la primera vez que intentó apoderarse de él. Mientras el Sumo Pontífice hablaba el personaje salió, ya no por una esquina, sino que se apoderó de todo su ojo izquierdo.
Poco a poco le fue inhabilitando miembros, hasta paralizarlo totalmente. Bao le hacia la pelea, pero con esfuerzos casi inútiles. Afuera no sucedía nada extraordinario, aunque uno que otro comenzaba a notar el repentino desinterés del Presidente en el discurso del Papa.
Aunque débil, trataba de disuadirle. Cuando el sujeto intentó asfixiarle, se las ingenió para que el aire le entrara a través de la boca, pero la gente lo interpretó como bostezos. Al intentar mirar al exterior para pedir ayuda, el ser le cerró los parpados impidiéndole la visión.
-Mira, se durmió el Presidente-se le escuchó decir a alguien de los que estaba sentado hasta atrás, pero el rumor fue creciendo como una ola hasta que llego a los oídos del mismo Papa, que al darse cuenta comenzó a gritarle enfurecido.
Bao le escuchaba, pero no podía hacer nada, ya que en ese momento estaba bajo el yugo de su captor. Afortunadamente para él, la voz arrugada del Santo Padre de una agudeza infernal, molestaba tanto al ocupante que poco a poco comenzó a ceder, así que aprovechó, tomó control inmediato de su cuerpo y quedó con los ojos tan abiertos como antes.
Fue un despertar extraño a la mirada de todo un país. Maldiciéndole por su imprudencia, el Papa regresó al atril para terminar su discurso. Mientras, él solo se limitó a hacerle una señal a su asistente que se aproximó corriendo. -Tráigame una taza de café, por favor-


Facetas: La red de babel

MÁS ALFABETOS, MÁS USUARIOS
La red de babel
Fotos: Servicios internacionales




Las barreras idiomáticas que genera la coexistencia de numerosos tipos de alfabetos serán superadas en la web, donde millones de usuarios podrán a partir de 2010 acceder en su propio alfabeto


DIONISIO GUERRA
dionisioguerra@gmail.com

Internet también derriba muros. Las barreras culturales que se nos impone a nivel de sociedad, poco a poco están siendo superadas en la red. Que a algunas regiones del mundo la diferencia idiomática las haya marginado casi a un analfabetismo cibernético porque la mitad de los internautas no utilice alfabetos latinos que predominan en casi la totalidad del contenido disponible, ya dejará de ser una dificultad.

Al menos ésa será la nueva preocupación de la “Internet Corporation for Assigned Names and Numbers” (Icann), la organización responsable de asignar espacios de direcciones numéricas de protocolo de Internet (IP), quien acaba de anunciar la posibilidad de usar cualquier alfabeto en las direcciones de Internet para el año 2010.

Con esta acción la Icann espera que el número de usuarios de Internet aumente considerablemente, por que los usuarios podrán acceder a cualquier parte de la red escribiendo las direcciones en sus lenguas maternas.

En una primera etapa, y a modo de prueba, sólo se permitirá para dominios que utilicen caracteres chinos, coreanos, hindi, rusos o árabes, pero más adelante se ampliará al resto de los alfabetos existentes. Llegando en un momento a permitir cualquier tipo de carácter para acceder a un sitio web.

Para algunos esto representa el paso más importante y acertado que ha dado internet para permitir la inclusión de todo el mundo. Países como Egipto ven en esto el inicio de mayores oportunidades para que su población experimente los beneficios de las páginas web. Con la apertura del primer dominio en su propia lengua, el ministro de Comunicaciones Tarek Kamel se aventuró a decir que la “Internet ya habla árabe”.

La emoción no solo acapara la atención de las altas autoridades, este paso redefine internet para beneficio de millones personas que por desconocer el alfabeto latino no tenían acceso a los contenidos de la red.

Se calcula que sólo en Egipto existen 55 millones de usuarios que usan teléfonos celulares con teclado árabe. A ellos, ahora se les abre la oportunidad que tenemos los habitantes de esta parte del mundo de tener la red en la palma de la mano.

Egipto será el primer país en lanzar una web en árabe, cuyo dominio se pronunciará “masr”, que significa “Egipto”. Por su parte China se prepara para solicitar el dominio “Zhongguo”, el nombre de su país en mandarín. Eventualmente el resto de los países hará lo propio.

Ya es un hecho que la iniciativa disparará el número de usuarios de internet por millones en los países que comiencen a implementar esta iniciativa. En China, por ejemplo, ya se cuenta como con que el número de internautas se incrementará luego de que se habiliten dominios en su propio idioma. Aunque los que ya lo usaban podrán seguir usando también las direcciones tradicionales, debido a que la aparición de Internet los obligó a aprender las 26 letras del alfabeto latino para poder navegar en la red.

Una de las cuestiones clave a las que deberá abocarse la junta de ICANN será si habrá de permitir por primera vez que direcciones enteras de Internet se escriban en alfabetos no latinos. Eso podría abrir la red a más personas en el mundo si pueden usar direcciones en alfabeto árabe, coreano, japonés, griego, hindi o cirílico.

La importancia de la implementación fue catalogada por Peter Dengate Thrush, titular de la junta de Icann como “el mayor cambio técnico en Internet desde que fue inventada hace 40 años", asegurando además que ya se creó un sistema de traducción para convertir los nombres en los distintos alfabetos disponibles. Por su parte el presidente y director general de la organización, Rod Beckstrom, señaló que “este cambio es muy necesario, no solamente para la mitad de los usuarios en el mundo (que no tenían acceso), sino para futuros usuarios a medida que se expanda el uso de Internet".

Hasta antes de la aprobación de esta iniciativa los nombres de los dominios únicamente se mostraban usando las letras del alfabeto latino de la A a la Z, números del 0 al 9 y el guión. A partir de ahora se le asignará un” country-code Top Level Domains” (cc TLDs), que designan distintos caracteres para el nombre de una web.

Aunque hasta este momento la decisión se ha considerado acertada y nadie ha mostrado disgusto, algunos usuarios han comentado en la red su preocupación sobre la seguridad y estabilidad de los Domain Name System (DNS), ya que al existir una doble posibilidad de acceder a un dominio, no queda muy clara como se mantendrá la estabilidad de los sitios. Seguramente ésta será una de las variables que tendrá que resolver la Icann en sus próximas reuniones.

De acuerdo a Internet World Stats, el 36% de los internautas provienen de Asia (con 418 millones de usuarios), el 22% de Europa (con 322 millones de usuarios), el 20% de Norteamérica (233 millones de usuarios) y el 9% para América Latina (110 millones de usuarios). El 7% restante se reparte entre Oceanía, medio oriente y África.

Enlace original: La Estrella OnLine

viernes, 27 de noviembre de 2009

promesa

PROMETO BLOGUEAR MÁS

Conta-Minas, hay que hacerlo viral

Aunque en Panamá no nos hemos caracterizado por tener una cultura pro medio ambiente, es interesante ver como un grupo de panameños se han unido para manifestarse en contra de la contaminación minera.
Conta-MINAS, el nombre de la compaña, busca según sus creadores “dejar en evidencia lo perjudicial que es la minería metálica para nuestro país basándose en información real y estudios, y utilizará principalmente las redes sociales Facebook y Youtube.
La campaña propuesta por el Centro de incidencia Ambiental Panamá ha reclutado a un grupo de “famosos” y líderes de opinión (Ubaldo Davis, Rossana Uribe, Daniela Moreno, Arturo Illueca, Liza Hernández, Brooke Alfaro, Marie Claire Fontaine, Ingrid de Icaza, Jennifer Martin) para dar testimonio de la importancia que representa cuidar el medio ambiente.
Para apoyarla simplemente debe uno dirigirse a http://www.blogger.com/www.ciampanama.org, firmando la petición para tener un Panamá libre de minería metálica.
No nos cuesta nada pensar en un país mejor para todos. Cuéntales a tus amigos.

martes, 24 de noviembre de 2009

La Factoria 2.0

Amo a La Factoría,aunque desde que se fue Joyce mi amor ha decaído un poco. Sin embargo ayer que vi el nuevo vídeo del Grupo (al que solo pertenece Demphra) comencé a reconsiderar mi opinión. Es que La Willa, como también es conocida la cantante, ha tenido una transformación asombrosa que me encanta.


Tengo que criticar que no entiendo por qué la canción que en principio era cantanda por ambas artistas y que ahora la interpreta Demphra sola, no fue reescrita o pedido la colaboración de alguna otra artista. Es raro ver como la cantante se llama a sí misma “Demphra tu eres mi amiga”.

La situación es que esta fue la última canción a dúo de las regueseras, por que a solo días de su lanzamiento, Joyce decidió abandonar al grupo para iniciar una carrera música que aun espero. Entre las dos hubiese sido un exitazo, aunque con los nuevos arreglos se escucha muy bien. Y debo decir, y estoy seguro que PanamaMusic, está muy claro con esto, que la decisión de regrabarla obedece a que es un hit en Youtube. En países como Ecuador, Perú, Chile y Argentina, los artistas de reggae local están arrasando, para decirlo en buen panameño, y sitios como este son un excelente termómetro para conocer la respuesta de los fan a las nuevas canciones.
PanamaMusic va bien ese es el camino, está entendiendo bien el web 2.0. Me atrevo a apostar que son la única promotora que tiene una cuenta en Twitter, están en Facebook, MySpace, tienen su propio Canal de Youtube y eso se lo aplaudo, por algo van adelante de todos.

Bueno, despues de tanta habladuria, les dejo con el video “Amiga” de la Factoria.



Y para que comparen la versión anterior hecha por fans (con más de dos millones y medio de reproducciones, wao)



¿Cuál de las dos versiones te gusta más?

domingo, 20 de septiembre de 2009

Facetas: Al ritmo de la red


POR DIONISIO GUERRA


Dos experimentos de creación e interpretación musical colectivas, realizados a partir de comunidades virtuales en Twitter y YouTube, demuestran que las transformaciones generadas por la era de la colaboración en línea apenas comienzan

La música es, casi siempre, un proceso colaborativo. Más allá del talento individual de un artista, una pieza rítmica aumenta su valor cuando está en manos de más de un individuo, pero lo multiplica cuando se trata de música clásica, por la calidad armoniosa y estética que ésta conserva.¿Quién creería entonces que este tipo de música, que conserva su calidad ancestral, tendría el poder de reinventarse? Pues, sucedió y a manos de las herramientas más modernas que existen.Twitter y YouTube, dos portales de tendencia web 2.0, que dan la oportunidad a sus usuarios de generar su propio contenido, hicieron literalmente historia, al permitir que se crearan dos manifestaciones artísticas partiendo de la colaboración y el talento de sus usuarios.Primero fue YouTube el que logró crear una orquesta sinfónica, que debutó en abril en el Carnegie Hall de Nueva York, con la participación de unos 96 músicos procedentes de 30 países, que tocaron bajo la dirección de Michael Tilson Thomas, ganador de un Grammy y director musical de la Orquesta Sinfónica de San Francisco.Los músicos atendieron a una convocatoria en el sitio, donde los usuarios debían votar por los más talentosos, y luego pasar por el escrutinio de un jurado. Una vez seleccionados, practicaron individualmente durante algunos meses, siguiendo las instrucciones que les enviaban por Internet.El grupo era heterogéneo. Artistas de 33 países tan distantes como Australia, Austria, Bulgaria, Brasil, Canadá, China, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Checa, Francia, Alemania, Hong Kong, Hungría, Israel, Italia, Japón, Lituania, Letonia, México, Holanda, Perú, Polonia, Portugal, Rumania, Rusia, Corea del Sur, España, Suecia, Taiwán, Ucrania, Gran Bretaña y Estados Unidos, se reunieron por primera vez el día del evento. “Esto es a la vez un concierto clásico, una cumbre, una reunión de scouts y un encuentro de citas rápidas”, logró decir a la AFP el director de la orquesta, luego de la presentación que incluyó obras de Bach, Mozart, Wagner, Lou Harrison, John Cage, Debussy, Tchaikovsky y la Sinfonía Internet Nº1 “Heroica” del compositor chino Tan Dun, creada especialmente para la ocasión.Más tarde tuvo su momento Twitter, con otra manifestación de arte clásico. Esta vez fue la Royal Opera House de Londres que representó, hace solo unas semanas, una ópera creada a través de la famosa red social.En este caso, la colectividad estuvo en el libreto de la obra, a través de un anuncio donde se alentaba a los usuarios a enviar un mensaje de hasta 140 caracteres que podría incorporarse al libreto de la obra.El libreto colectivo, que fue acompañado con la música de la compositora Helen Porter, hablaba sobre monjas, demonios y pájaros, fue creado por alrededor de 900 personas y consistía en siete actos que duraron alrededor de 20 minutos cada uno.“¡Cuando los cerdos vuelen, estos pájaros llorarán, y para siempre dejad la tortura para el diablo. Tráeme un cerdo!", reza una parte de la opera que puede leerse en http://twitter.com/youropera.El experimento, que surgió en Londres, tenía como objetivo demostrar que cualquier aficionado puede intervenir en el proceso creativo de una ópera. Como dato curioso, hay que resaltar que la escena del primer acto se pudo completar después de 40 tweets. Aunque el resultado final no fue del gusto de muchos usuarios que lo calificaron de “caos” por los rumbos extraños que tomó la historia, el experimento constituyó un claro ejemplo de las múltiples posibilidades de creación que abre la colaboración en línea.
El enlace del artículo AQUÍ

martes, 15 de septiembre de 2009

Extraterrestre en Cerro Azul...Sí, como no

Foto de Telemetro.com /Foto de El Almario de Suso

El tema ufológico está plagado de fraudes. En realidad a mí en lo personal es un tema que me apasiona, y que llevo casi quince años estudiando. En todo este tiempo he aprendido que la herramienta más eficaz para llegar más fácil a la verdad es la duda.
Tengo cientos de recortes archivados en mi casa sobre cosas inexplicables. Al principio guardaba todo lo que leía y me parecía increíble, pero a medida que más estudiaba el tema, tuve más herramientas para separar lo verdaderamente inexplicable de la basura.
Entonces cuando en Panamá, mí país, se ventila una noticia relevante en torno al tema voy a ser el primero en manifestarme. El ahora conocido como “E.T. de Cerro Azul” a primera vista no me impresiona. Después del “Monstruo de Montauk”, creo que quedé graduado en el tema de “creaturas-extrañas-muertas-sin pelo”, por lo que desde que vi el ya famoso ser, mi primera impresión fue ver un animal muerto.
Si, el E.T. a mi juicio no es más que un “perezoso” sin pelo. La forma de su cuerpo, sus brazos y su cabeza me lo indica. Además de su particular garra en su mano. No tengo la minima duda de que lo es. Lo es y punto.
Ahora bien. Se ha hecho un alboroto, desde que ayer Código Cuatro lo reportó, pero no se hicieron las debidas averiguaciones. Comprendo que niños de 14, 15 y 16 años, estén confundidos y no sepan de qué se trata, pero la noticia se ha hecho ya eco en varios medios escritos y se les ha dado el mismo trato.
No solo eso, según Crítica “la Policía que envió al comisionado Omar Rentería y al mayor Javier González al área. Es probable que se envíen buzos para ver si rescatan al animal o al extraterrestre”. Bueno, supongo que es un asunto de seguridad “interplanetaria”.
Lo otro es que… “quien le da derecho a estos muchachos de apedrear al pobre animal”. Los perezosos, esos pobres animales que apenas pueden defenderse, ¿No están en peligro de extinción? Si no, deberían estarlo, por la cantidad que se ven tirados todos los días en las calles. También habrá que ver, por qué este animal estaba en ese estado. ¿Sería una mutación genética? ¿Estaba ya moribundo en el agua?¿Era albino?¿Era un perezoso bebe? ¿O fue maltratado con agua caliente? Esas son las verdaderas interrogantes.

domingo, 9 de agosto de 2009

Los genios detrás de las fotos de la cebollita

Hace rato me había propuesto dar los créditos a los excelentes fotos que utilicé para ilustrar las Cebollitas. Fueron 20 excelente fotografías todas tomadas de Flickr, y solo utilicé las que sus autores habían dado permiso para usar y modificar, con con licencias de Creative Commons.
En agradecimiento a ellos, hoy quiero reconocer el trabajo de estos fotógrafos invitándolos a todos ustedes a visitar sus perfiles de fotos.
A ellos, parte importante de este grandioso experimento, mi más sincero agradecimiento.
Sigan iluminando el mundo con su talento.

Día 1, Rimblas


Día 2, Rageforts


Día 3, DavidDMuir

Día 4, Vivido


Día 5, Darwin Bell


Día 6, 427



Día 7,
NotMarkAgain



Día 8, AdobeMac
Día 9, VisualPanic Día 10, J.C. Rojas
Día 11, Old Sarge

Día 12, Thenss
Día 13, iLoveButter

Día 14, Muffet

Día 17, Darwin Bell

Día 18, Psyberartist


Día 19, Sarahxic

Día 20, VisualPanic

jueves, 6 de agosto de 2009

Diario de una cebollita: Día 20


Diario de una cebollita

Día 20

Corazón

Por Dionisio Guerra



Estoy roja. La vergüenza ha pintado todo mi cuerpo con su color favorito. Esta mañana me levanté siendo la mujer de siempre pero ahora la termino siendo yo, pero diferente. Creo que finalmente me he convertido en una mujer real que tal vez seguirá llorando todas las noches, pero que ha entendido que pase lo que pase la vida tiene un bonito final para mí.
Llegó la hora en que yo dejaré de preocuparme y tratar de ser más feliz.
Desde que me levanté en la mañana, lo hice en la actitud de la más grande perdedora del mundo. Tenía la cara hinchada de llorar. Después de bañarme me hice una cola de caballo en el pelo, agarré mi ropa sucia y me puse a lavar. Barrí mi cuarto, acomodé las cosas que estaban mal puestas, limpié la cocina y ya para el mediodía estaba nuevamente sentada en la cama, tratando de imaginar diecisiete formas de matarme.
De repente algo comenzó a facilitarme el trabajo. Un punzante dolor en el pecho me fue reduciendo a una frágil y desahuciada niña a punto de morir. El dolor era en medio de mis senos justo sobre el corazón, al menos eso decía yo, y después de media hora ya estaba yo revolcándome sobre la cama controlada totalmente por lo que me acaecía.
Afortunadamente en medio del dolor, sin tener yo fuerzas para llamarla, mi mamá entró a mi cuarto y me encontró en ese deplorable estado. A lo lejos le escuché decirle a mi papá: “Viejo vístete, tenemos que llevar a la niña al hospital, está muy grave”.
Según yo, Fabián había roto mi corazón, literalmente. Yo sería ahora otra niña de Guatemala “esa que se murió de amor”. En mi familia hay un historial de hipertensos y problemas cardiacos que hicieron que mis papás también pensaran que lo peor.
En el camino le dije a mi papá que no me llevara a urgencias del Seguro, que se acordara que del trabajo teníamos atención en uno de los mejores hospitales privados. Después de eso no recuerdo nada del trayecto, tal vez por la debilidad perdí el sentido.
Solo recuerdo cuando llegamos al hospital que unos paramédicos me levantaron y me pusieron en una camilla. Yo totalmente doblada por mi dolor me sentía como una sentenciada a muerte.
Y sucedió que mientras iba entrando en la camilla, desde una silla de rueda, alguien toco mi mano y me llamó por mi nombre. Giré mi cabeza despacio, mientras mi mente intentaba decodificar esa voz. Era Fabián.
Por un momento creo que el dolor desapareció. Fabián sí que estaba para una urgencia. Su cara estaba toda moreteada y golpeada. Tenía sutura sobre la ceja y una pierna enyesada. Creo que era su mamá la que empujaba la silla y al lado estaba quien creo era su papá y un medico.
Casi se levanta de la silla al verme. Tal vez lo hubiese hecho si su mamá no se lo impide. Le expliqué lo que tenía, se volteó y le dijo a su mamá que no podían irse, ella le insistió que por su estado debían regresar a casa y eso, pero él le dijo “Yo me quedo”.
Me dijo que no me preocupara que su hermano es médico y que él se quedaría conmigo para que no me pasara nada malo.
La camilla entró me pasaron a una cama. El doctor que me atendió, en realidad más guapo que Fabián, me dijo que era su hermano. Me preguntó que me sentía y me dijo que me iba a hacer unos exámenes. Mientras me inyectaría algo para el dolor, pero que no me preocupara que estaba en el lugar indicado para que nada peor pasara.
Me sentí aliviada. Me dejaron en una camilla con venoclisis. Al rato entró Fabián, y me contó de lo suyo. Justo saliendo de la oficina un diablo rojo le pegó detrás y su carro patinó, se fue a una cuneta y dio tres vueltas. Afortunadamente solo tiene una pierna rota y algunos raspones en su cara.
-Solo pensaba en ti, pero no sabía cómo llamarte. No sé donde quedó mi teléfono-me dijo tiernamente mientras me acariciaba la mano.
Estuvimos conversando por alrededor de una hora, hasta que llegaron los resultados de los exámenes. Su hermano primero lo llamó aparte. Yo escuché una carcajada, no sé de cuál de los dos fue. Después vino Fabián donde mi.
-Dice mi hermano que tranquila, que no te vas a morir, que lo que tienes es solo un problema de gases, que debes alimentarte mejor- después de eso soltó una risa tan especial, que me dije a mi misma que quería escucharla el resto de mi vida.
Cuando salimos sus papás y los míos estaban esperando. Él me jaló hasta donde los suyos y me presentó como “esta es la muchacha de la que les he hablado, la que me tiene loco”. Yo miré a mis papás y estaban tan maravillados como él.
Cuando salimos del hospital él me pidió un minuto.
-Me dio mucho miedo la idea de perderte-me dijo
-Verte así también me asustó mucho-le contesté mientras le acariciaba las heridas de la cara
-Eres muy especial, concédeme el placer de estar contigo por el resto de mi vida
Yo me quede pasmada, en realidad no había entendido sus palabras. ¿Me habría querido preguntar si quería ser su novia o me estaba pidiendo matrimonio? Su carita esperaba una respuesta. Yo no sabía que tenía que responderle. Entonces me apresuré a responder mis propias preguntas.
-Si quiero ser tu novia y también quiero estar contigo toda la vida.
Después de eso nos despedimos con un doloroso beso en la boca. Nuestros papás se encargaron de llevarnos a nuestras casas, como cuando éramos niños. No podremos vernos en unos días, pero ya hemos hablado unas catorce veces por teléfono.
Por primera vez me siento totalmente feliz en mi vida. Creo que llegó la hora de cerrar este diario por un tiempo, y dedicarme a vivir la vida, como venga, y aprender que las lagrimas siempre nos ayudan a descubrirnos.
FIN

martes, 4 de agosto de 2009

¿El ataque de los clones?

Misteriosamente el 2 y 3 de agosto, distintos “Dionisios Guerra” se han dado a la tarea de aparecer en los medios de comunicación. Lo más extraño de todo es que solo los he visto en el Panamá América. Los dos son diferentes y tienen cargos públicos.
A ellos solo les digo, que más les vale se porten bien, estaré vigilando de que dejen mi nombre en alto.








lunes, 3 de agosto de 2009

Diario de una cebollita: Día 19


Diario de una cebollita

Día 19

¿Qué quieren los hombres?

Por Dionisio Guerra

Tengo una pregunta directa para Dios ¿Por qué yo? No me puedo pasar la vida en esta intermitencia de emociones, que un día va a terminar por matarme. ¿Qué significa tanto sufrimiento en mi vida?
Que me digan loca, pero yo no tengo la culpa. Al principio puede que sí, que me porté como una idiota, pero ahora no entiendo lo que está pasando. Yo no hice nada. Lo único que hice fue portarme bien.
No puedo evitar no llorar mientras escribo esto. Me he pasado la vida de lágrima en lágrima, con dos o tres altas y millones de bajas, y todavía es difícil encontrar la felicidad. ¿Qué tengo que hacer para ser feliz? ¿Qué?
A las siete en punto llegó Fabián a buscarme y yo todavía estaba maquillándome. Le dije a mamá que le avisara que en diez minutos estaba lista. Los vi conversar todo el rato mientras yo me terminaba de arreglar. Sé que mi madre iba a aprovechar para sacar información, pero eso no me preocupa. Por primera vez quería que ella preguntara, porque no iba a encontrar nada malo.
Me puse mis jeans favoritos, esos que me hacen ver las nalgas arriba y la cintura pequeña, una blusa con un escote llamativo y un saco para darle algo de formalidad. Había pasado ya una hora domando mi cabello y me veía espectacular.
Cuando salí, mi mami estaba con una sonrisa de oreja a oreja y el riendo como un niño. Casi se me salen las lágrimas, hace mucho que deseaba presenciar una escena como esa. Era mi sueño haciéndose realidad.
Nos despedimos de mamá, nos montamos al carro y nos fuimos. En el camino el no hacía más que hablarme del maravilloso día que tuvimos ayer.
-Mi abuela me preguntó si nos vamos a casar- comentó con un tono bastante pícaro. –pero yo le dije que no dependía de mi.
Cuando dijo eso mi corazón palpitaba a mil. Pero no dije ninguna palabra. Me sentía como una adolecente.
Me agarró la mano y se la deslizó en la mejilla. Le dio un beso. Me miró y me dijo: “tu eres muy especial para mí”.
Yo seguía muda. Para cuando llegamos a la oficina prácticamente iba en una nube. El señor perfecto de verdad que me tenía enamorada.
Nos pasamos la mañana enviándonos emails románticos, que poco a poco fueron tornándose picantes. A eso de las once de la mañana me mando “—Si estuvieras aquí, ya estaríamos…--“. No resistí, sentí que eso era una invitación, así que me paré y me fui a su oficina. Cerré la puerta, le extendí la mano y lo paré de su silla. Cuando estuvo frente a mí, lo rodeé con mis brazos me acerqué a su oreja y le susurré “me tienes loca”. Entonces nos envolvimos en un apasionado beso, que revivió todas mis esperanzas.
Hubiésemos estado por horas besándonos, si no es porque mi propio jefe entró repentinamente y nos encontró en el acto. El pobre quiso ignorar lo que había visto comentando “qué bueno que los encuentro juntos, quería felicitarlos por el contrato con los taiwaneses, prácticamente es como lo queríamos, felicidades”.
Yo aproveché para escabullirme y volver a mi puesto, con una gran sonrisa en mi mente. Estaba realmente feliz por lo que había pasado.
A eso de las tres de la tarde, vino Fabián y me dijo que se tenía que ir a una reunión con un banco, pero que quería que fuéramos a cenar en la noche. Por supuesto que le dije que sí. Quedó de pasar a las siete por mi casa.
Eran las seis y media y ya yo estaba lista. Me puse un vestido blanco, tipo coctel, que solo había usado en el año nuevo. Creo que me arreglé demasiado, porque hasta mi papá me preguntó que quién se casaba.
Esperé hasta las ocho y como no había llegado lo llamé a su celular. La primera vez me salió el buzón de voz, así que pensé que era un error. La segunda y la tercera vez me confirmaron que en realidad estaba apagado.
Debí llamar otras noventa y siete veces y nada. Falta un cuarto para las doce y todavía no me ha llamado. Voy a apagar mi celular. No quiero saber nada. Lo único que quiero es llorar hasta quitarme la rabia que tengo encima. :’(

jueves, 30 de julio de 2009

Diario de una cebollita: Día 18


Diario de una cebollita

Día 18

Alcohol

Por Dionisio Guerra

Estoy emocionada por lo que pasó hoy. El día terminó de forma maravillosa, aunque el de ayer de una forma muy rara.
Cuando abrí la puerta, creo que mi vida cambió para siempre. El mundo hizo una espiral que recorrió en un segundo todos los rincones de mi vida y volvió nuevamente a aparecer en el segundo siguiente para hacerme ver lo afortunada que soy.
Efectivamente la reunión con los taiwaneses, había dejado a Fabián totalmente vulnerable, demostrándome que era un hombre dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de lograr sus metas profesionales.
Allí estaba yo, terminando de escribir como me sentía ayer cuando tocaron con fuerza tres veces a mi puerta. Tan. Tan. Tan. Después me llamaron por mi nombre y reconocí su voz. Caminé descalza hasta quedar a unos cinco centímetros de distancia. Ya lo sentía. Podía escuchar ese corazón latiendo la misma fuerza que el mío.
Entonces me decidí. Giré la perilla, halé la puerta y vi lo que quedaba de él. Fabián apenas tuvo fuerzas para mirarme y se vino abajo, literalmente. Ni el golpe despertó su equilibrio, fue difícil arrástralo a la cama. Pesa como por tres.
Le quité el saco con mucha dificultad. Luego la corbata y los zapatos. Le abrí la camisa y le quité la correa. Agarré una toalla la mojé en agua fría y se la pasé por la frente, por el cuello y por los brazos.
Cuando estuvo manejable le di de beber al menos tres vasos de agua. Recostó la cabeza a la cama. Se quedó pensando un largo rato y luego, cuando yo menos lo esperaba comenzó a llorar.
Nunca esperé verlo así. Lloraba como un niño, mientras vociferaba cosas que yo no entendía, pero que cobraron sentido cuando me dijo “Tengo que confesarte algo”.
Me puse fría. Se me subió algo caliente de la boca del estomago a la cabeza. Tragué en seco. Si me hubieran puesto a adivinar, nunca habría acertado a decir lo que me dijo. Uno no se espera esas cosas de alguien como él, un hombre maduro, inteligente, guapo y exitoso, pero así estaba pasando.
“Soy alcohólico”. En realidad sé que es un problema grave. Recuerdo como mi tía lucho toda la vida con su marido para quitarle eso, hasta que se enfermó y murió.
No supe ni de qué forma reaccionar, así que me quedé tranquilita sentada en una esquina de la cama escuchando como se desahogaba.
Me contó que estaba rehabilitado hace dos años, y que nunca debió aceptar una gota de licor, pero lo hizo por los clientes. Yo me enternecí con sus palabras. Me recosté a su lado y le tomé la mano. El seguía hablando, pidiéndome perdón a mí, a su mamá, a su papá, a sus compañeros de alcohólicos anónimos, y a toda su familia.
Nos dormimos allí los dos, hombro con hombro y las manos entrelazadas. Cuando me desperté estaba dormido como un niño. Miré el reloj y eran las once de la mañana. Me acordé que la reunión con los clientes debía continuar a las ocho. Así que jamaquié con todas mis fuerzas a Fabián. Cuando le dije para qué lo despertaba me dice, “no te preocupes, ya tengo el contrato firmando en el carro. Lo mío fue un ataque suicida”.
El se levantó y se fue a su habitación a bañarse. Yo me terminé de arreglar en la mía. Como a eso del mediodía nos fuimos. Me dijo, te tengo una sorpresa. Atravesamos varias calles de la ciudad de Colón y llegamos a una casa muy bonita, ya ni recuerdo en que calle. A recibirnos salió una viejecita, bastante arrugadita, que después me presentó como su abuela.
Yo le di la mano y ella me la jaló y me dio un abrazo. “Ya te quería conocer”, me dijo. Yo supongo que esa es otra buena señal. Las abuelitas nunca se equivocan.
Comimos con ella, una deliciosa sopa de mariscos. Mientras ella me echaba todos sus cuentos de niño, cuando se crió con ella, allí en Colón.
A eso de las tres nos regresamos a Panamá y a las cinco el ya estaba en la puerta de mi casa, despidiéndome con un saludo de mano. Me dijo que había sido un apoyo importante para no caer hasta lo más profundo de ese vicio y me agradeció con un beso en la mano los cuidados que tuve con él. Dijo que mañana pasaba a buscarme para llevarme al trabajo.
Tal vez todavía no he logrado nada, pero desde que se fue no quepo en mi pellejo. Ya quiero verlo.

lunes, 27 de julio de 2009

Diario de una cebollita: Día 17


Diario de una cebollita

Día 17

Colón
Por Dionisio Guerra

Hoy estoy escribiendo desde una página diferente. Encontré papel y pluma y me puse a escribir un poco metida todavía en cierta felicidad que me embarga.
Mi mañana fue regular. Me levanté muy temprano, me vestí como una reina y me fui tranquila a esperar mi bus. Hacia la oficina, iba pensando mucho en todo lo que ha pasado estos últimos días. Me propuse no predisponerme a nada, dejar que el destino me sorprendiera.
Ahora que lo leo me doy cuenta que eso tal vez fue una señal que me estaba susurrando lo que pasaría hoy.
En la mañana estuvimos en una larga reunión que duró hasta un poco más del mediodía. Fabián se sentó justo al frente mío, pero durante todo el rato si acaso intercambiamos miradas unas dos veces.
Al salir me dijo que se iba a Colón a una reunión importante con unos socios asiáticos, que si quería acompañarlo.
-Ehh…debo preguntarle a mí…
-Ya sabe, es más, él me lo sugirió.
A eso de las dos de la tarde partimos. Según él a las siete de la noche estaríamos de vuelta en la ciudad. Fuimos conversando amenamente todo el trayecto como grandes amigos, como si nada hubiese pasado nunca entre nosotros, como si nos conociéramos de toda la vida.
No puedo negar que me sentí un tanto decepcionada. Esperaba que las cosas volvieran a arreglarse como hasta hace poco. Pero me conformaba con lo que estaba pasando.
Ya habíamos entrado a Colón cuando sentí el roce de su mano sobre mis dedos. No me atreví a mirarlo. Ni siquiera cuando me agarró la mano con fuerza. No dije nada, el mucho menos.
La costa atlántica nos recibió con los brazos abiertos. El cielo totalmente azul se reflejaba en la calle. Llegamos al hotel y enseguida fuimos al salón donde nos esperaban los taiwaneses.
Con su difícil español nos entretuvieron hasta las nueve, aunque la negociación debía seguir a las ocho de la mañana del día siguiente. Después de salir le murmuraron algo a Fabián y luego vino a comentármelo. “Quieren que nos tomemos unos tragos, pero sin mujeres”.
Enseguida me propuso dos opciones. La primera, que lo esperara en el hotel hasta que volviera y la segunda que nos quedáramos en el hotel hasta mañana para temprano seguir la negociación y ahorrarnos los cansones viajes de ida y vuelta.
La oferta era tentadora. Un hotel de lujo con todo pago. Lo primero que se me vino a la mente fue “Gracias a Dios, cargo un panty extra en la cartera”. Es que desde aquella vez que no quiero recordar, una delicada y fina prenda encontró domicilio fijo en mi bolso.
Le dije que nos quedáramos. Total, después de esa reunión estábamos ya lo suficientemente cansados. Ahora que él se iba a visitar los lugares más oscuros de Colón, con más razón.
Así que pedimos las habitaciones. Dos por supuesto, yo subí a la mía y él se fue con su llave. Dos horas después todavía estaba yo aquí pensando en cuándo volvería. Cuando se me ocurrió llamarlo, suena mi teléfono. Era él, sonaba raro, como tomado. Preguntó si estaba despierta que quería hablarme.
Yo le respondí que sí y me preguntó si podía visitarme, que su habitación estaba al lado de la mía. Eso fue hace como media hora y estoy aquí pensando en qué va a pasar. En si abrirle la puerta o atenderlo afuera. Tengo una gran confusión en mi cabeza.
Tocan la puerta, le voy a abrir…

jueves, 23 de julio de 2009

Diario de una cebollita: Día 16


Diario de una cebollita

Día 16

Ladrona

por Dionisio Guerra


Aunque tengo una increíble mala suerte creo que debo empezar a ver las cosas buenas dentro de todo esto. Hoy fue uno de los peores días de mi vida, aunque si tengo que calificarlo por cómo terminó tendría que decir que fue de los mejores.
Esta mañana mi papá me dijo que se quedaría en casa, que no iría a trabajar, y que si quería me podía llevar el carro. Yo lo tomé como una señal del destino, de que las cosas podían comenzar a cambiar, porque mi papá nunca me presta su carro.
Antes de irme al trabajo decidí pasar donde Andrés. Necesitaba algunas explicaciones. El tonto me miraba como si nada desde afuera. Le dije si podíamos salir a hablar un rato y me siguió. Estaba tan meloso como siempre, pero esta vez yo, no tenía ni el mínimo detalle con él.
Cuando lo estuve al frente me sonrió. Pero ya no vi lo que vi antes, ya no encontré la sonrisa perfecta de ángel, incluso vi por primera vez que tenía un diente quebrado. Lo miré fijamente tratando de encontrar la mentira en su cara, pero él no paraba de pestañear.
Sentí también un repugnante perfume encendido en toda su camisa. ¿Cuándo pude fijarme en él? Me pregunté todo ese tiempo. Pero ahora era el momento de aclarar las cosas.
-¿Qué la trae por acá, preciosa?
-Buscando las respuestas de mi vida
-Quiero ser parte de su vida, déjeme
-¿Dónde está la pulsera que te regalé?
-La pulsera…ah, la perdí. Perdona, creo que alguien la tomó aquí en el trabajo, no la vi más.
En ese momento supe que no podía seguir perdiendo mi tiempo con un hombre que no era capaz de decirme la verdad. Me fui. Lo dejé allí parado, sonriendo. Pensando tal vez que seguía interesado en él, que volvería. Pero allí había muerto mi interés. No digo que no quiero verlo más, porque este país es tan chiquito que uno se reencuentra todos los días con la gente que menos quiere.
Me fui a la oficina un poco satisfecha de haberme quitado un peso de encima. Ya no me importó lo que él hubiera hecho, sabía que de todas formas ya no valía la pena.
Tan pronto llegué me fui a buscar a Fabián. Cuando le pregunté si tenía tiempo libre para hablar me dijo parcamente que almorzarnos. Yo me conformé. Algo me decía que dentro de toda esa indiferencia estaba todavía el hombre tierno que dejó todo para estar conmigo en Taboga.
-A las doce en el sushi, si puedes. Tengo una reunión, así que te veo allá.
Esperé impaciente cada minuto hasta el mediodía. No hablé con nadie. Cuando llegué al restaurante no había ningún estacionamiento libre. Esperé un rato a ver si quedaba uno libre. Igual él no había llegado.
Vi dos mujeres paradas frente al local. Pensé que seguro son de esas que cuando uno baja del carro quieren vender desodorante para el carro, y me dije q mi misma que las esquivaría cuando vinieran a hablarme.
Esperé unos diez minutos hasta que un cliente saliera. Tomé mi celular y salí del carro. Las mujeres intentaron acercarse, pero doble antes de que pudieran hablarme. No había ni dado diez pasos cuando recordé que había dejado la cartera en el asiento del pasajero. Me volteé para descubrir la puerta de mi carro abierta, sin la cartera.
“Las mujeres esas”, pensé. Pero ni rastro de ellas. Entré en pánico. No podía creerlo. Casi todos los que estaban en comiendo en el restaurante salieron a ver mi desgracia. Yo lloraba como una manguera, y gritaba “como una loca”, según comentó después el chef.
Al rato uno de los meseros regresó con la cédula y la licencia, las habían tirado en la calle, seguro porque no le servían de nada. Pero mis tarjetas, de crédito y de debito, mis anillos y mi maquillaje, se habían esfumado para siempre. Sobre todo mi maquillaje. Me tomó años reunir todo lo que llevada en ese bolso.
Estaba yo todavía llorando en el hombro de la japonesita dueña del restaurante cuando llegó Fabián y asustado se incorporó a la escena. Cada uno de los que estaba fue contándole un pedazo de la historia. Yo no podía hablar, porque el llanto se me atoraba en la garganta.
Me consoló. Me abrazó fuerte y me agarró la cabeza mientras me decía cosas bonitas. Contra su pecho pude sumergirme en el enloquecedor aroma de su perfume y mi cabeza comenzó a pensar locuras como “qué bueno que sucedió esto”.
Fabián me llevó a la policía. Denunciamos a las tipas y llamamos al banco para reportar las tarjetas. Llamé a mi papá para que viniera a buscar el carro porque del susto yo no podía ni manejar. Avisamos a la oficina, que no estaríamos en la tarde.
Saliendo de hacer la acusación formal, Fabián me llevó a comer. No tenía hambre, pero necesitaba una excusa para estar tranquilos y conversar.
-Supe que te opusiste a que despidieran a Rebeca.
-Fue difícil, pero…
-Pero eso habla bien de ti. A veces las personas necesitan segundas oportunidades.Después de decir eso me abrazó y me dio un beso en la frente. Luego me llevó a la casa. Cuando se iba me dio la mano. Creo que finalmente eso es una buena, señal.

lunes, 20 de julio de 2009

Diario de una cebollita: Día 15


Diario de una cebollita

Día 15

Zorra

Por Dionisio Guerra

La vida es un cúmulo de contradicciones, pero la mía es un cúmulo de desastres. No sé si existirá otra persona sobre la tierra con la misma suerte que yo, pero siento que el destino a veces me trata muy mal. Un día creo odiar a una persona y al día siguiente estoy enamorada. Otro día abro mi corazón hacia alguien y hoy me entero que esa persona traicionó mi confianza para satisfacer sus propios intereses.
Cuando me desperté decidí que hoy iba a ser el primer día de la nueva historia de mi vida; que no me iba a preocupar tanto por encontrar el amor, si no que iba a poner todo mi esfuerzo en ser feliz y hacer feliz a los que me rodean.
Sé que metí la pata y estaba dispuesta a asumir las consecuencias de esas acciones. Así que me agarré esa actitud y me fui al trabajo. Me puse bonita. Quería derrotar a esa mala suerte que ha estado rodeándome.
Me fui con la mejor actitud, aunque sabía que en el fondo de mi aun seguía una cebollita haciéndome llorar.
Al llegar a la oficina, no pude evitar sentir desprecio por la recepcionista, aunque increíblemente hoy me recibió con una sonrisa. “¡Descarada!”, pensé, pero le respondí con una igual. Me dijo que mi jefe le había dicho que tan pronto llegara fuera a verlo a su oficina.
Me fui directo hacía allá. Lo encontré como meditando con una taza de café entre las manos. Presentí que algo muy grave estaba pasando por la cara que puso al verme. –Siéntate- susurró mientras señalaba la silla con la mano.
“Prepárate”, pensé. Cuando el comenzó a hablar no creí que cada palabra fuera cierta. El hablaba y yo lo miraba como si lo que decía no estuviera pasando.
Empezó contándome lo mucho que me quería y de lo agradecido que estaba con mi trabajo. Luego se refirió al bochornoso incidente del viernes y lamentó que él lo hubiera presentado. Pero que tratándose de una falta de ese tipo, no se podía quedar con las manos cruzadas así que pidió al Administrador copia de los videos de seguridad ese día. Resultando en unos de ellos la imagen clara de una de las colaboradoras de la empresa colgando la hoja con la denigrante frase sobre mi escritorio. La colaboradora no era la recepcionista como yo pensaba. Era la Rebeca.
No resistí y me eché a llorar allí mismo. Él se paró a consolarme. Me trajo agua. Habló muchas cosas que ya no recuerdo, como que no iba a permitir ese tipo de actos en su empresa. Cuando paré de llorar me dijo: “no estoy de acuerdo con que esta persona siga en la Firma, pero voy a dejar todo en tus manos. ¿Qué acción quieres que tomemos?”
Tragué en seco. En realidad no entendía porque él, el jefe supremo, me pedía a mí, una de sus subalternas, tomar la decisión que le correspondía. Pero allí estaba esperando una respuesta de una mujer con lágrimas en los ojos.
Lo debí meditar poco, pero respondí con lo que creo es mi corazón y le dije: “No, creo que ella merece una nueva oportunidad”. Lo que me callé fue que tal vez yo misma propicié ese comportamiento.
Él dijo que eso no se iba a quedar así y que debía ser sancionada. Así que la suspendería por unos días sin derecho a sueldo. Pensé que era suficiente. Le pedí permiso para irme. Llegué a mi escritorio aun llorosa, ante la mirada de todo el personal.
Decidí olvidarme de ese asunto y seguir mi vida normal. Eso intenté. Pero solo hasta después del mediodía cuando se apareció Rebeca con un berrinche que asustó a todos en la oficina. Literalmente arrastrándose llegó hasta mi puesto pidiéndome perdón, agradeciéndome que no la hubiera dejado sin trabajo y no sé qué cosas más.
A las cinco de la tarde, ella regresó más serena y me dijo que de verdad la perdonara, y que ella no merecía esa oportunidad, así que iba a renunciar. No intenté persuadirla. Ella tomó la decisión que yo no pude.
Cuando me iba, vi entrar a Fabián. No estuvo todo el día en la oficina. Fui hasta su puesto y le dije que si podíamos conversar. Me dijo que prefería que fuera mañana, porque ahora debía salir a una reunión. Le acepté su excusa, yo tampoco querría hablar conmigo después de lo que hice. Me despedí y me fui.
Cuando llegué a la casa todavía era de día. Me metí a la cama a pensar y a llorar. No sé si tenga el valor de rogarle a Fabián. Pero quisiera que me diera una oportunidad, porque creo que sería la última en mi vida para ser feliz. :’(

jueves, 16 de julio de 2009

Diario de una cebollita: Día 14




Diario de una cebollita

Día 14

Domingo


Por Dionisio Guerra

¿Quién en el mundo, después de hacer algo como lo que hice, quiere seguir viviendo? Hoy me levanté temprano, pero no hice ningún intento por salir de mi cuarto. Tampoco me moví de la cama. Estuve despierta mirando al techo, recordando lo que pasó y estrujándome el momento en que decidí hacer las cosas de esa forma.
Permanecí así por más de ocho horas. Llorando en silencio, volviéndome loca. Otra vez comenzaba a sentirme sola. Otra vez sentía que no valía nada para el mundo. Sigo pensando que perdí una excelente oportunidad.
A eso de las cinco de la tarde mi mamá vino a tocarme la puerta. La ignoré por varios minutos. Me gritó que me vistiera que íbamos a ir donde mi tía a una reunión familiar. “NO”, le grité desde mi cama, sin moverme.
-Es que ya viene Aldo a buscarnos…y trae a su novia- dijo ella, sabiendo que a eso no podría negarme.
Aldo es mi primo favorito. Compartimos juntos desde que éramos niños, y es casi como mi hermano. Nunca he podido decirle no a algo que él diga. Por eso mi mamá sabía que diciéndome eso lograría sacarme de la muerte en la que estaba sumida.
Me bañé. Me puse un jeans holgado, un suéter ancho, me recogí el pelo con un gancho. No me maquillé ni me puse perfume. Desempolvé mis zapatillas de ejercicios y me puse mis medias rosadas favoritas.
Mi primo pitó desde afuera. Su novia venía en el puesto del copiloto, pero ni siquiera reparé en ella. Mis papás y yo nos sentamos atrás. Aldo hablaba y hablaba con mi mamá, mientras yo indiferente solo miraba por la ventana.
Un “hola” entusiasta me devolvió a la vida. Era la novia de Aldo saludándome. Mientras ella me miraba sonriente, yo intentaba descifrar su alegría. “¿No te acuerdas de mí?, en el Yate, con Fabián. Tu llevaste el dulcecito”.
Mis papás voltearon a mirarme. Yo solo asentí con la cabeza y voltié la mirada a la calle. Efectivamente, fue ella la que dijo despectivamente que yo era una “simple secretaría”. Afortunadamente mis tíos viven cerca, porque no tenía ganas de dar explicaciones.
Cuando llegamos ella no paraba de hacerme preguntas sobre Fabián. Decía que era la primera vez que lo veía enamorado, que muchas del grupo, incluso ella, estuvieron detrás de él, pero que a nadie le hizo caso. Yo quería agarrarla y cerrar le la boca con clavos, pero ni siquiera tenía las fuerzas ni la moral para hacerlo.
Lo peor vino después. Mientras estuvimos en la cena, ella no paraba de hablar y de pronto no sé porqué ni con qué motivos comenzó a contar ante toda mi familia, cómo me conoció. La historia de cuando esta idiota llegó al Yate con un dulce miserable a tratar de impresionar a un exitoso empresario, consiguiendo su total atención.
Yo me moría de la vergüenza. Ni siquiera la eterna discusión de mi papá con mis tíos sobre Hugo Chávez hizo que la familia se olvidara de lo que se dijo en la mesa sobre mí.
Salí al patio a tomar aire. En realidad iba con intenciones de reventar mi llanto, pero detrás de mí se fue la mujer esa a seguir hablándome de Fabián. “No dejes que se escape, es un gran hombre”.
Nos llevaron a casa a eso de las once de la noche. En el carro ya nadie comentó nada. Todos entendían por lo que estaba pasando.
En mi cuarto, mi cama estaba esperándome, todavía bañada en lagrimas. Me sentí hundida en una terrible culpabilidad. No he dejado de llorar desde entonces.

lunes, 13 de julio de 2009

Diario de una cebollita: Día 13


Diario de una cebollita

Día 13

Roto


Por Dionisio Guerra


Desastre. He sido una tonta. Creo que estoy pagando caro el hecho de haber actuado de una forma tan deliberada, sin analizarlo ni pensarlo. Tal vez merezco lo que me está pasando ahora. Me siento tan estúpida, que no puedo parar de llorar.
Como es sábado, me levanté después del mediodía. Tenía varias llamadas y mensajes, tanto del colombianito, como de Fabián. A ninguno le respondí. Todavía no tenía ganas de dejar de sentirme enferma, por lo de la regla, pero como no tengo a nadie que haga las cosas por mí, me puse a lavar la ropa. Luché para sacar la mancha de sangre de mi pantalón favorito, pero no pude. No tuve otro remedio que tirarlo a la basura. Me puse triste. Algunas veces pienso que le tengo más cariño a la ropa que a la gente. Además de que ese pantalón, hacía maravillas por mi cuerpo.
Me pasé la tarde en el cuarto, leyendo y escuchando música. Me sentía algo atontada, así que no tardó mucho para que el sueño me derrotara. Debí estar dormida un par de horas, hasta que mi mamá vino a tocarme la puerta y a avisarme que tenía visita. Pensando que era Andreita salí así mismo: recién levantada, despeinada, sin maquillaje y en camisón.
Lo que mi mamá no dijo fue que mi visita era Fabián. No tenía cara para mirarlo. Estaba paradito allí en nuestra sala con un globo que decía “get well soon”, como un niño de catorce años. En ese momento lo amé. Creo que nunca nadie ha estado tan atento a mí, como lo ha hecho él.
Llevaba rato conversando con mi mamá y le había sugerido no molestarme. Pero ella insistió y fue la que me levantó. No quiero imaginarme las cosas que dijo, pero no me importaba. Creo que el era el príncipe azul que había estado buscando.
Me dijo que como no le contesté decidió hacerme una visita para comprobar que estaba bien. Yo, y no se porqué escogí la peor excusa del mundo, le dije que no lo llamé porque no tenía saldo.
Me preguntó si quería salir a cenar con él. No podía decirle que no. “Tienes que esperar que me cambie”, le dije. Entonces el dijo algo que ojalá nunca se le hubiese ocurrido : “Bueno, entonces yo voy a una tienda que hay aquí en la esquina a comprar una tarjeta para tu celular”.
Cuando me escuché eso me viré, pero ya estaba saliendo. Crucé los dedos. Decía yo que Dios no era tan cruel para hacer algo en mi contra.
Veinticinco minutos después, yo estaba lista y él no había llegado. Cuando salí, estaba afuera de su carro mirándose las manos.
-¿Qué pasó?
-Hoy me rompiste el corazón.
Entonces me entregó lo que tenía en su mano derecha: Una tarjeta de celular. Luego abrió la izquierda y dejó caer sobre la palma de mi mano la pulsera que le había regalado a Andrés.
Me puse fría. No me atreví a mirarle a la cara.
-Solo le di tres dólares para comprarla. Si no te diste cuenta tiene tus iniciales.-Me dijo mientras se le quebraba la voz. Después de eso se fue.
Yo me quedé helada mirando la maldita pulserita. Brillaba más que nunca. Cuando entré mi mamá solo me lanzó una mirada como de "¿qué hiciste ahora?". Caminé a mi cuarto, así vestida como estaba y me tiré a llorar.
Aquí sigo. Me da miedo llamarlo. Me da miedo preguntarle. Me da miedo perderlo. :’(

jueves, 9 de julio de 2009

Diario de una cebollita: Día 12





Diario de una cebollita

Día 12

Sangre
Por Dionisio Guerra

Hay un momento en la vida de toda mujer que pasa por lo que me tocó pasar a mí hoy. Yo siempre dije que estaría preparada, con la protección en mi cartera lista para usar cuando sucediera. Pero me agarró desprevenida. Todavía estoy llorando la experiencia.
Hoy no ha sido un día normal. No sé ni cómo definirlo. Anoche, después que despedí a Andrés de la casa y de buscar infructuosamente mi “rollo”, decidí que eso no podía pasar de tonta al confiar en un tipo que actuó de esa forma casi delictiva.
Aunque el colombianito me encanta, decidí que me iré con cuidado y lo mantendré lo más al margen que pueda. Eso no significará que deje de verlo, aunque por ejemplo hoy decidí no pasar por la tienda a recargar la cuenta de mi teléfono (aunque me moría de ganas).
En el trabajo no fue el mejor día. Llegando, me topé a mi jefe en la recepción, y me pidió que le actualizara sobre unos clientes que tenemos en la Zona Libre. Mi jefe es un hombre mayor, pero bonachón y me tiene mucho cariño. Realmente tenemos una buena química dentro del respeto. Pero aún así que él presenciara lo que le tocó en la mañana, me causó una vergüenza tal, que aun no me repongo.
Cuando me pidió ver el contrato con ellos, le dije que lo tenía en mi escritorio. Me dijo que lo buscáramos porque le urgía. En el camino me iba molestando, diciéndome que estaba rebajando y que eso significaba que estaba enamorada. Ni siquiera tuve oportunidad de soltar una sonrisita, porque antes de llegar a mi puesto, presenciamos la barbaridad que allí estaba ocurriendo.
Yo me quedé muda y él ni se diga. Una hoja de papel blanco con letras rojas se posaba sobre la pared de mi escritorio con la nada enorgullecedora frase: “La zorra eres tú, por si no te has dado cuenta”.
No sé cuánto tiempo estuve parada frente a eso sin creer lo que veían mis ojos. Pero de repente reaccioné, lo arranqué, lo hice una bola y lo tiré al tinaco. Le busqué el contrato a mi jefe, se lo entregué y salí corriendo a llorar al baño. Estuve allí unos veinte minutos y cuando salí, estaba paradito, con el contrato todavía en la mano, esperando que saliera.
Me dijo que lo acompañara a su oficina y me interrogó al respecto. Le dije que mi sospecha, casi segura, era de la recepcionista, pero que no podía asegurar nada. Luego de decirme, que esas cosas pasan y que debía tranquilizarme, me prometió sancionar a la responsable si se podía comprobar quién fue.
Seguí trabajando intentando hacerme la idea de que nada había pasado. Pero al mediodía llegaría mi verdadero martirio de ese día. Salí sola a comer. Fabián no estaría toda la mañana. Además, no quería tener contacto con nadie de la oficina.
Llegué a un restaurante cercano de comida rápida. Pedí una hamburguesa doble para calmar mi decepción. Me senté sola en una esquina, no quería que nadie se me acercara. Pero cuando le daba la primera mordida a mi almuerzo algo dentro de mí se movió.
De forma fluida, la regla, que debía bajarme en tres días hizo su aparición inesperada. Sentí que me bajó abundante, más que la cantidad habitual. Vestida con un pantalón ajustado, de un color crema bastante notoria, era casi imposible que en ese momento ya no estuviera manchada.
El restaurante lleno y yo ya debía estar bañada en un charco de sangre. No quería ni mirar. Para colmo de males, el baño estaba en la esquina contraria a la mía, lo que significaba que debía atravesar por la mitad del restaurante para ir hasta allá.
Pude estar por unos quince minutos allí sentada. Lo único que se me ocurrió fue agarrarla bandeja, taparme atrás y salir corriendo. Al llegar al baño comprobé mi mayor miedo, mi pantalón tenía una extensa barra de sangre totalmente obvia. Me encerré en uno de los cubículos me quité el pantalón y el panty, casi rojo gracias al accidente.
Me asomé y como no vi a nadie, salí al lavamanos a intentar quitar la mancha con agua en el panty. Es decir, lo hice desnuda. No puede totalmente, hacerlo por lo incomodo de la situación, pero así mismo me lo puse. Luego procedí a hacer lo mismo con el pantalón. Esta vez al menos, tenía el la ropa interior puesta.
Al rato entró una muchacha, que al verme casi pega un grito del susto. Yo la miré con mi mejor cara y le dije: “Emergencia”. Ella busco en su cartera, sacó algo de la cartera y lo dejó sobre el lavamanos y salió tan despavorida como entró. Era un protector diario, que aunque no me sirvió de mucho, por lo abundante del fluido, controló mi nerviosismo.
Después de lavar mi pantalón estuve por al menos media hora parada bajo el secador de manos tratando de secar mi pantalón. Llamé a Fabián para que me auxiliara, pero demoró unos veinte minutos más. Otra de las buenas samaritanas que pasó me prestó un abrigo, que al menos me ayudó a salir del restaurante.
“Llévame a mi casa rápido por favor y no hablemos del tema”, le dije a Fabián cuando llegó. Él con su mejor intención intentó levantarme el animó haciendo chistes sobre lo que me acababa de pasar. Definitivamente no sabe tratar con mujeres, aunque debo reconocer que hizo que me riera de mi misma.
Pero mi risa paró cuando me enseño su muñeca. Tenía una pulsera igual a la que me había regalado. Me preguntó por la mía y le dije que se me había quedado en la casa. “Te dije que me recuerda a ti, por eso la llevaré conmigo siempre”. Eso fue una estacada directa a mi cabeza. Ojala que esa sea la última vez que lo pregunte.
Fabián me dejo en casa, con un besito en la mejilla. Al menos va avanzando. Le rogué que entendiera que no me sentía bien y que necesitaba estar sola un rato. Prometió llamar luego.
Fui enseguida a asearme. Cuando vi toda esa sangre no pude evitar llorar. Creo que es “síndrome menstrual”, que eleva mis hormonas al suicidio y hace que mis lágrimas broten fácilmente.
Me acostaré a dormir temprano. Si es que la palabra “zorra” me deja dormir.

lunes, 6 de julio de 2009

Diario de una Cebollita: Día 11


Diario de una cebollita

Día 11

Pulsera



Por Dionisio Guerra



Si cierro los ojos todavía está el recuerdo fresco de su sonrisa. Cuando lo describo como un ángel no estoy exagerando. El colombianito acaba de sorprenderme en plena noche, emocionándome, como si hubiera bajado con alas del cielo.
Pero ahora tengo que echar para atrás. Digamos que fue un día sorpresivo. Ya iba en el bus, cuando Fabián me llamó para ver si pasaba por mí, así que quedamos en vernos en la oficina. Mi primer mensaje de texto del día fue uno de Rebeca anunciando: “La sorpresa ya te espera”. Me emocioné. Quería llegar rápido al trabajo para ver de qué se trataba.
Otra vez la chica de la recepción hizo una mueca cuando me vio. Pero no me importó, que se muera de envidia. Poco a poco, con cada paso, mi corazón duplicaba su aceleración. Mientras avanzaba los demás compañeros estuvieron atentos de mí. ¿Qué sería esa sorpresa que los tenía a todos atentos? Pasé por donde Rebeca y se fue conmigo. Ella quería ver mi cara.
Allí estaba. Frondoso. Divino. Real. Un ramo de rosas rojas tamaño moderado, pero hermoso. La verdad aunque mi primera reacción fue la de una chiquilla de quince años, después caí en cuenta de lo que podía provocar.
El caso es que uno de los jefes, por primera vez en la historia de esa oficina, estaba saliendo con una subalterna, y no sé en otras, pero en esta eso era un gran lio. El problema no es el hecho en sí, si no la reacción del resto del equipo. Aquí siempre ven un dinosaurio en una hormiga, así que tendría que andar con cuidado.
La tarjeta con las flores decía: “VEN A VERME”. Así que eso fue lo primero que hice. Iba en son de reclamarle, porque al final de cuentas, aunque me muriera de la alegría, había sido un hecho desacertado hacerlo público en el área de trabajo, pero no contaba con su astucia.
Tan pronto entré, me pidió que cerrara la puerta. Luego me rogó que por favor no dijera una palabra antes de que el acabara de hablar. Lo hice.
Me dijo que se sentía muy apenado por lo que había pasado en la mañana del otro día (seguro mi panty no lo entenderá), pero que en realidad se juntaron muchas cosas que lo obligaron a actuar así. La primera y más importante, según él, es su inexperiencia con las mujeres.
“Soy un hombre de 36 años, exitoso en mi profesión, pero con una tremenda mala suerte con las mujeres. Nunca he tenido una novia real. No sé cómo tratar a las mujeres”.
Dice que yo lo intimidé, pero que ojalá y todo hubiese pasado como debía pasar. El seguía hablando, mientras yo muda, pensaba si esto no era otra humillación más. Me dejé escucharlo. Cerré los ojos sin cerrarlos y abrí bien mis oídos. Mi olfato captó su perfume, mi talón de Aquiles, y de repente sus palabras comenzaron a sonar melodiosas. Tienes razón yo fui la arrimada y tu eres un indefenso virgen. Sigue hablando ven bésame. Perdón, estuve hablando dormida.
Ahora sí. Luego me dice: “tengo dos sorpresas para ti. Una buena y la otra mejor”. Le digo que me quiero conocer primero la mejor y me pone en la mano una pulserita de chaquira con un dibujo de la bandera. Creo que puse cara de “esperaba algo mejor”, pero el dijo que estaba seguro que me gustaría porque tan pronto la vio se acordó de mi. Entonces me dice: “de esto si no estoy seguro” y me da una bolsa con una caja adentro. La abrí y era un maravillosos, moderno y fashion celular, en rosado mi color favorito. Le di las gracias y le negué el regalo, a pesar de que estaba fascinada. No tuvo que decir mucho para convencerme. Me acerque a él, le agradecí con un abrazo y fue cuando me dijo “quiero ser alguien importante en tu vida, pero tienes que ayudarme”. Le dije que si, mientras me derretía sobre el aroma en su saco.
Más tarde viene Rebeca y me pregunta si vi lo que estaba en el baño. Como gran curiosa me fui directo allá a ver de qué se trataba. En el espejo habían escrito con lipstick rojo “ZORRA”. La verdad puedo pensar que alguien, como la recepcionista, pudo hacerlo por celos por lo de Fabián, pero no le di importancia.
Con mi nuevo celular en manos, Fabián me llevó a casa. Pero como quería saldo para probar mi nuevo celular me fui caminando a la tienda de Andrés a comprar una tarjeta de celular. Desde antes de entrar nos vimos y desde el vidrio ya me sonreía.
Le pedí la tarjeta para el teléfono, el contoneo que llevaba delataba mi nerviosismo, cuando abrí la cartera para pagar y que me topo con la bendita pulsera traída de Chiriquí. Le digo: “mira, para que te acuerdes de mí”. Pelo los ojos como un niño frente a Santa Claus, y casi que salta la vitrina para agradecerme.
Me fui a casa sin pensar en eso, tal vez más emocionada por mi nuevo teléfono. Pero como a las 10 de la noche recibí un mensaje de texto. Pensé que era Fabián así que corrí a asomarme. El mensaje decía: -Gracias. Es lo mejor que alguien ha hecho en Panamá por mi-. Enseguida lo llamé: Dijo que agarró mi número del recibo del celular. Me asusté, después me preguntó si podía ir a verme, le dije que quizás otro día, pero soltó la frase “Estoy afuera”.
Yo que ya estaba en piyama, corrí hacia la puerta. La entreabrí y asomé mi cabecita. Lo primero que me dice es: “qué bonito eso”, señalando a mi cabeza. Era el rollo que tenía en la galluza que no me lo había quitado. Lo tiré por donde pude y le seguí hablando.
Lo hice confesar. Dijo que la primera vez que fui a la tienda me siguió porque le encanto. No supe que pensar. Me asusté, pero al mismo tiempo me gustó. Le dije, es tarde, así que no podemos hablar mucho porque mis papás duermen.
Lo despedí. Me dijo que llamaba mañana. Ahora no sé qué pensar. Me siento alegre, pero intranquila. Trataré de dormir, mañana será otro día.