martes, 1 de marzo de 2016

Semana 6, 7 y 8 | Dionisio en Cuba | La caída y posterior recuperación del señor Dionisio en Cuba.



Volví. Pasaron muchas cosas en las últimas semanas, pero me vi imposibilitado a poder escribir en el blog, pero no, no fue por ninguna de las cosas que se imaginan. El asunto es un poco más sencillo, pero complicado también.

Trataré de hacer un resumen. Cuando llegué a Cuba comencé a notar que el cable alimentador de la computadora estaba dejando de funcionar a ratos. Mi batería hace un tiempo está afectada así que prácticamente debo tener la computadora siempre conectada.

No le di tanta importancia al tema. Culpé a la humedad, al frío y a esas cosas. Total, cada vez que sacaba el cargador del enchufe y volvía a conectarlo servía sin problemas.

Hace unas semanas el cable decidió no volver a cargar. Probé con un compañero que usa la misma marca que yo y cargó bien. Era el cable.

Con mis compañeros me enteré que venía un panameño a un taller ese fin de semana. Era mi esperanza. Le pedí a Alma, que me consiguiera uno genérico y aunque fue un lío, porque hubo que ser muy específicos con el modelo, el voltaje y el amperaje, pudo mandármelo. El cable llegó el domingo. Crucé los dedos porque sirviera, lo conecté encendió una lucecita, pero no cargó.

Intenté encontrar lugares para comprarlo en Cuba, pero fue infructuoso. Ni los locales tenían, ni lo pude conseguir de segunda mano en el sitio favorito de los cubanos para vender y comprar cosas: revolico.

Los técnicos revisaron el cable y todo parecía funcionar bien. Al parecer el problema es que debía ser original o nada.

Estuve muy frustrado. No estaba en el mejor lugar en el mundo para pasar por esta experiencia. En otro momento lo hubiese resuelto en una tarde. Además, mis clases en guion requieren que escriba todos los días. Tuve que escribir en papel y pedir prestadas computadoras para pasarlo a digital.
No es fácil para mí pedir favores, menos cosas tan personales como las computadoras. Me sentí muy atado de manos y un poco decaído. Pasé casi dos semanas así, sin computadora ni ánimos.

Pero siempre hay solución para todo. Una chica cubana a la que conocí hace semanas atrás viajó a Panamá y se devolvía en unos días. Me propuse encontrar una solución en Panamá antes de su regreso. Recordé que mi hermana tenía una computadora en casa, que no usaba porque había sufrido algún desperfecto con el sistema operativo. Nuevamente apareció Alma al rescate y en conjunto con mi amigo Abdiel, repararon, alistaron y me enviaron la computadora con a través de esta chica.
Con la computadora me mandaron un cable de la marca de la computadora.

El sábado fui a la Habana a buscarlo y el domingo la probé y todo sirvió, la computadora y el cable. Así que ahora escribo en mi computadora y tengo otra de repuesto “por si las moscas”.

Estoy feliz.

También me hace feliz poder volver a escribir en el blog. Pasaron muchas cosas desde entonces. Espero poder acordarme de todo.



Fui a la Feria Internacional del libro de la Habana. Tenía muchas expectativas por la feria. Es inmensa. Se realiza en un recinto antiguo, la fortaleza conocida como “La Cabaña”, desde donde sucede el famoso cañonazo de la Habana, del cual hablaremos en otro momento.

Quedé totalmente intimidado cuando llegué había mucha, mucha, mucha gente. Casi no se podía caminar. Para ver los libros había que entrar a distintos cuartos y siento que no abarqué todos los que quise. Al final no sé si me perdí, desorienté o abrumé, pero sólo compré dos libros y me regresé. 

Prometí regresar, pero tal vez fue mucho para poder manejarlo.

A la salida las filas para tomar el transporte eran interminables.

De todas formas, aún me quedan las librerías de La Habana que siguen siendo baratas.



Ese fin de semana visité un lugar llamado Expocuba, es un recinto ferial donde hay salas de exposición, juegos mecánicos y hasta un pequeño lago para navegar en bote. Queda alejado de la Habana, pero es divertido. También hubo mucha gente.

Regresando a la escuela me enteré de la presencia esa semana de Ian McKellen. Sí, Magneto. O Gandalf para algunos, pero sobretodo Magneto.

La visita era discreta, aun así se pegaron cartelones por todas las paredes. Yo bajé a la hora que debía llegar y lo encontré acariciando un perro de esos de la escuela. Me impactó verlo caminar como si nada.



Me acerqué con unos compañeros y le hablamos. Nos preguntó que estudiábamos y de dónde éramos. Fue muy amable. Nos tomamos fotos con él. Es muy relajado, pero sobre todo amable.





En esa misma semana hicimos la primera comida panameña. Nada más y nada menos que arroz con guandú, pollo guisado y pataconcitos. Fue la comida más rica que he probado desde que llegué. ¿Por qué será que uno se pone tan cursi cuando está fuera del país?

En la Habana visité el museo de Arte Colonial y un ratito el museo de Arte Cubano, pero sólo unos minutos porque estaba por cerrar.



Finalmente logré ir al Planetario, después de tres intentos fallidos (dos de los cuales estuvo en fumigación). La experiencia fue muy bonita y yo me pregunto, ¿por qué no tenemos uno así en Panamá?


También fui a la cámara oscura. Un invento que con espejos que refleja en vivo, sobre un plato gigante, las cosas que pasan fuera e utiliza el mismo principio de iluminación que utilizan las cámaras fotográficas (de esas de antes).

Creo que eso en resumen de lo que hice. Por otra parte, además de la computadora y el cable recibí bonitas muestras de cariño totalmente inesperadas.

Hace unas semanas, Eberhard me preguntó qué necesitaba en Cuba, si jabón, pasta de dientes o papel higiénico, yo le dije en broma y en serio que Mantequilla de Maní y me trajo dos frascos. Dos lindos frascos de mantequilla de maní. Wow. Gracias.

Como si fuera poco recibí un mensaje de Kathy y Denise que me decían que me habían mandado una encomienda con un compadre que vino a la Habana. También fui a buscarla y resulta que me mandaron Atún, frutos secos y Mantequilla de Maní. Exactamente las cosas que necesitaba.



Sí, soy fan de la mantequilla de maní. Una de esas cosas que mantienen con vida a los solteros que viven solos y no saben cocinar.

Estoy feliz. Estar lejos, con pocas cosas a la mano y que tus amigos sigan pendientes de lo que necesitas o cómo ayudarte es muy bonito.

Y tengo mantequilla de maní.

Gracias :´)

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