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viernes, 27 de noviembre de 2009
jueves, 6 de agosto de 2009
Diario de una cebollita: Día 20

Diario de una cebollita
Día 20
Corazón
Día 20
Corazón
Por Dionisio Guerra
Estoy roja. La vergüenza ha pintado todo mi cuerpo con su color favorito. Esta mañana me levanté siendo la mujer de siempre pero ahora la termino siendo yo, pero diferente. Creo que finalmente me he convertido en una mujer real que tal vez seguirá llorando todas las noches, pero que ha entendido que pase lo que pase la vida tiene un bonito final para mí.
Llegó la hora en que yo dejaré de preocuparme y tratar de ser más feliz.
Desde que me levanté en la mañana, lo hice en la actitud de la más grande perdedora del mundo. Tenía la cara hinchada de llorar. Después de bañarme me hice una cola de caballo en el pelo, agarré mi ropa sucia y me puse a lavar. Barrí mi cuarto, acomodé las cosas que estaban mal puestas, limpié la cocina y ya para el mediodía estaba nuevamente sentada en la cama, tratando de imaginar diecisiete formas de matarme.
De repente algo comenzó a facilitarme el trabajo. Un punzante dolor en el pecho me fue reduciendo a una frágil y desahuciada niña a punto de morir. El dolor era en medio de mis senos justo sobre el corazón, al menos eso decía yo, y después de media hora ya estaba yo revolcándome sobre la cama controlada totalmente por lo que me acaecía.
Afortunadamente en medio del dolor, sin tener yo fuerzas para llamarla, mi mamá entró a mi cuarto y me encontró en ese deplorable estado. A lo lejos le escuché decirle a mi papá: “Viejo vístete, tenemos que llevar a la niña al hospital, está muy grave”.
Según yo, Fabián había roto mi corazón, literalmente. Yo sería ahora otra niña de Guatemala “esa que se murió de amor”. En mi familia hay un historial de hipertensos y problemas cardiacos que hicieron que mis papás también pensaran que lo peor.
En el camino le dije a mi papá que no me llevara a urgencias del Seguro, que se acordara que del trabajo teníamos atención en uno de los mejores hospitales privados. Después de eso no recuerdo nada del trayecto, tal vez por la debilidad perdí el sentido.
Solo recuerdo cuando llegamos al hospital que unos paramédicos me levantaron y me pusieron en una camilla. Yo totalmente doblada por mi dolor me sentía como una sentenciada a muerte.
Y sucedió que mientras iba entrando en la camilla, desde una silla de rueda, alguien toco mi mano y me llamó por mi nombre. Giré mi cabeza despacio, mientras mi mente intentaba decodificar esa voz. Era Fabián.
Por un momento creo que el dolor desapareció. Fabián sí que estaba para una urgencia. Su cara estaba toda moreteada y golpeada. Tenía sutura sobre la ceja y una pierna enyesada. Creo que era su mamá la que empujaba la silla y al lado estaba quien creo era su papá y un medico.
Casi se levanta de la silla al verme. Tal vez lo hubiese hecho si su mamá no se lo impide. Le expliqué lo que tenía, se volteó y le dijo a su mamá que no podían irse, ella le insistió que por su estado debían regresar a casa y eso, pero él le dijo “Yo me quedo”.
Me dijo que no me preocupara que su hermano es médico y que él se quedaría conmigo para que no me pasara nada malo.
La camilla entró me pasaron a una cama. El doctor que me atendió, en realidad más guapo que Fabián, me dijo que era su hermano. Me preguntó que me sentía y me dijo que me iba a hacer unos exámenes. Mientras me inyectaría algo para el dolor, pero que no me preocupara que estaba en el lugar indicado para que nada peor pasara.
Me sentí aliviada. Me dejaron en una camilla con venoclisis. Al rato entró Fabián, y me contó de lo suyo. Justo saliendo de la oficina un diablo rojo le pegó detrás y su carro patinó, se fue a una cuneta y dio tres vueltas. Afortunadamente solo tiene una pierna rota y algunos raspones en su cara.
-Solo pensaba en ti, pero no sabía cómo llamarte. No sé donde quedó mi teléfono-me dijo tiernamente mientras me acariciaba la mano.
Estuvimos conversando por alrededor de una hora, hasta que llegaron los resultados de los exámenes. Su hermano primero lo llamó aparte. Yo escuché una carcajada, no sé de cuál de los dos fue. Después vino Fabián donde mi.
-Dice mi hermano que tranquila, que no te vas a morir, que lo que tienes es solo un problema de gases, que debes alimentarte mejor- después de eso soltó una risa tan especial, que me dije a mi misma que quería escucharla el resto de mi vida.
Cuando salimos sus papás y los míos estaban esperando. Él me jaló hasta donde los suyos y me presentó como “esta es la muchacha de la que les he hablado, la que me tiene loco”. Yo miré a mis papás y estaban tan maravillados como él.
Cuando salimos del hospital él me pidió un minuto.
-Me dio mucho miedo la idea de perderte-me dijo
-Verte así también me asustó mucho-le contesté mientras le acariciaba las heridas de la cara
-Eres muy especial, concédeme el placer de estar contigo por el resto de mi vida
Yo me quede pasmada, en realidad no había entendido sus palabras. ¿Me habría querido preguntar si quería ser su novia o me estaba pidiendo matrimonio? Su carita esperaba una respuesta. Yo no sabía que tenía que responderle. Entonces me apresuré a responder mis propias preguntas.
-Si quiero ser tu novia y también quiero estar contigo toda la vida.
Después de eso nos despedimos con un doloroso beso en la boca. Nuestros papás se encargaron de llevarnos a nuestras casas, como cuando éramos niños. No podremos vernos en unos días, pero ya hemos hablado unas catorce veces por teléfono.
Por primera vez me siento totalmente feliz en mi vida. Creo que llegó la hora de cerrar este diario por un tiempo, y dedicarme a vivir la vida, como venga, y aprender que las lagrimas siempre nos ayudan a descubrirnos.
FIN
lunes, 20 de julio de 2009
Diario de una cebollita: Día 15

Diario de una cebollita
Día 15
Zorra
Día 15
Zorra
Por Dionisio Guerra
La vida es un cúmulo de contradicciones, pero la mía es un cúmulo de desastres. No sé si existirá otra persona sobre la tierra con la misma suerte que yo, pero siento que el destino a veces me trata muy mal. Un día creo odiar a una persona y al día siguiente estoy enamorada. Otro día abro mi corazón hacia alguien y hoy me entero que esa persona traicionó mi confianza para satisfacer sus propios intereses.
Cuando me desperté decidí que hoy iba a ser el primer día de la nueva historia de mi vida; que no me iba a preocupar tanto por encontrar el amor, si no que iba a poner todo mi esfuerzo en ser feliz y hacer feliz a los que me rodean.
Sé que metí la pata y estaba dispuesta a asumir las consecuencias de esas acciones. Así que me agarré esa actitud y me fui al trabajo. Me puse bonita. Quería derrotar a esa mala suerte que ha estado rodeándome.
Me fui con la mejor actitud, aunque sabía que en el fondo de mi aun seguía una cebollita haciéndome llorar.
Al llegar a la oficina, no pude evitar sentir desprecio por la recepcionista, aunque increíblemente hoy me recibió con una sonrisa. “¡Descarada!”, pensé, pero le respondí con una igual. Me dijo que mi jefe le había dicho que tan pronto llegara fuera a verlo a su oficina.
Me fui directo hacía allá. Lo encontré como meditando con una taza de café entre las manos. Presentí que algo muy grave estaba pasando por la cara que puso al verme. –Siéntate- susurró mientras señalaba la silla con la mano.
“Prepárate”, pensé. Cuando el comenzó a hablar no creí que cada palabra fuera cierta. El hablaba y yo lo miraba como si lo que decía no estuviera pasando.
Empezó contándome lo mucho que me quería y de lo agradecido que estaba con mi trabajo. Luego se refirió al bochornoso incidente del viernes y lamentó que él lo hubiera presentado. Pero que tratándose de una falta de ese tipo, no se podía quedar con las manos cruzadas así que pidió al Administrador copia de los videos de seguridad ese día. Resultando en unos de ellos la imagen clara de una de las colaboradoras de la empresa colgando la hoja con la denigrante frase sobre mi escritorio. La colaboradora no era la recepcionista como yo pensaba. Era la Rebeca.
No resistí y me eché a llorar allí mismo. Él se paró a consolarme. Me trajo agua. Habló muchas cosas que ya no recuerdo, como que no iba a permitir ese tipo de actos en su empresa. Cuando paré de llorar me dijo: “no estoy de acuerdo con que esta persona siga en la Firma, pero voy a dejar todo en tus manos. ¿Qué acción quieres que tomemos?”
Tragué en seco. En realidad no entendía porque él, el jefe supremo, me pedía a mí, una de sus subalternas, tomar la decisión que le correspondía. Pero allí estaba esperando una respuesta de una mujer con lágrimas en los ojos.
Lo debí meditar poco, pero respondí con lo que creo es mi corazón y le dije: “No, creo que ella merece una nueva oportunidad”. Lo que me callé fue que tal vez yo misma propicié ese comportamiento.
Él dijo que eso no se iba a quedar así y que debía ser sancionada. Así que la suspendería por unos días sin derecho a sueldo. Pensé que era suficiente. Le pedí permiso para irme. Llegué a mi escritorio aun llorosa, ante la mirada de todo el personal.
Decidí olvidarme de ese asunto y seguir mi vida normal. Eso intenté. Pero solo hasta después del mediodía cuando se apareció Rebeca con un berrinche que asustó a todos en la oficina. Literalmente arrastrándose llegó hasta mi puesto pidiéndome perdón, agradeciéndome que no la hubiera dejado sin trabajo y no sé qué cosas más.
A las cinco de la tarde, ella regresó más serena y me dijo que de verdad la perdonara, y que ella no merecía esa oportunidad, así que iba a renunciar. No intenté persuadirla. Ella tomó la decisión que yo no pude.
Cuando me iba, vi entrar a Fabián. No estuvo todo el día en la oficina. Fui hasta su puesto y le dije que si podíamos conversar. Me dijo que prefería que fuera mañana, porque ahora debía salir a una reunión. Le acepté su excusa, yo tampoco querría hablar conmigo después de lo que hice. Me despedí y me fui.
Cuando llegué a la casa todavía era de día. Me metí a la cama a pensar y a llorar. No sé si tenga el valor de rogarle a Fabián. Pero quisiera que me diera una oportunidad, porque creo que sería la última en mi vida para ser feliz. :’(
La vida es un cúmulo de contradicciones, pero la mía es un cúmulo de desastres. No sé si existirá otra persona sobre la tierra con la misma suerte que yo, pero siento que el destino a veces me trata muy mal. Un día creo odiar a una persona y al día siguiente estoy enamorada. Otro día abro mi corazón hacia alguien y hoy me entero que esa persona traicionó mi confianza para satisfacer sus propios intereses.
Cuando me desperté decidí que hoy iba a ser el primer día de la nueva historia de mi vida; que no me iba a preocupar tanto por encontrar el amor, si no que iba a poner todo mi esfuerzo en ser feliz y hacer feliz a los que me rodean.
Sé que metí la pata y estaba dispuesta a asumir las consecuencias de esas acciones. Así que me agarré esa actitud y me fui al trabajo. Me puse bonita. Quería derrotar a esa mala suerte que ha estado rodeándome.
Me fui con la mejor actitud, aunque sabía que en el fondo de mi aun seguía una cebollita haciéndome llorar.
Al llegar a la oficina, no pude evitar sentir desprecio por la recepcionista, aunque increíblemente hoy me recibió con una sonrisa. “¡Descarada!”, pensé, pero le respondí con una igual. Me dijo que mi jefe le había dicho que tan pronto llegara fuera a verlo a su oficina.
Me fui directo hacía allá. Lo encontré como meditando con una taza de café entre las manos. Presentí que algo muy grave estaba pasando por la cara que puso al verme. –Siéntate- susurró mientras señalaba la silla con la mano.
“Prepárate”, pensé. Cuando el comenzó a hablar no creí que cada palabra fuera cierta. El hablaba y yo lo miraba como si lo que decía no estuviera pasando.
Empezó contándome lo mucho que me quería y de lo agradecido que estaba con mi trabajo. Luego se refirió al bochornoso incidente del viernes y lamentó que él lo hubiera presentado. Pero que tratándose de una falta de ese tipo, no se podía quedar con las manos cruzadas así que pidió al Administrador copia de los videos de seguridad ese día. Resultando en unos de ellos la imagen clara de una de las colaboradoras de la empresa colgando la hoja con la denigrante frase sobre mi escritorio. La colaboradora no era la recepcionista como yo pensaba. Era la Rebeca.
No resistí y me eché a llorar allí mismo. Él se paró a consolarme. Me trajo agua. Habló muchas cosas que ya no recuerdo, como que no iba a permitir ese tipo de actos en su empresa. Cuando paré de llorar me dijo: “no estoy de acuerdo con que esta persona siga en la Firma, pero voy a dejar todo en tus manos. ¿Qué acción quieres que tomemos?”
Tragué en seco. En realidad no entendía porque él, el jefe supremo, me pedía a mí, una de sus subalternas, tomar la decisión que le correspondía. Pero allí estaba esperando una respuesta de una mujer con lágrimas en los ojos.
Lo debí meditar poco, pero respondí con lo que creo es mi corazón y le dije: “No, creo que ella merece una nueva oportunidad”. Lo que me callé fue que tal vez yo misma propicié ese comportamiento.
Él dijo que eso no se iba a quedar así y que debía ser sancionada. Así que la suspendería por unos días sin derecho a sueldo. Pensé que era suficiente. Le pedí permiso para irme. Llegué a mi escritorio aun llorosa, ante la mirada de todo el personal.
Decidí olvidarme de ese asunto y seguir mi vida normal. Eso intenté. Pero solo hasta después del mediodía cuando se apareció Rebeca con un berrinche que asustó a todos en la oficina. Literalmente arrastrándose llegó hasta mi puesto pidiéndome perdón, agradeciéndome que no la hubiera dejado sin trabajo y no sé qué cosas más.
A las cinco de la tarde, ella regresó más serena y me dijo que de verdad la perdonara, y que ella no merecía esa oportunidad, así que iba a renunciar. No intenté persuadirla. Ella tomó la decisión que yo no pude.
Cuando me iba, vi entrar a Fabián. No estuvo todo el día en la oficina. Fui hasta su puesto y le dije que si podíamos conversar. Me dijo que prefería que fuera mañana, porque ahora debía salir a una reunión. Le acepté su excusa, yo tampoco querría hablar conmigo después de lo que hice. Me despedí y me fui.
Cuando llegué a la casa todavía era de día. Me metí a la cama a pensar y a llorar. No sé si tenga el valor de rogarle a Fabián. Pero quisiera que me diera una oportunidad, porque creo que sería la última en mi vida para ser feliz. :’(
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jueves, 2 de julio de 2009
Diario de una cebollita: Día 10
Diario de una cebollita
Día 10
Mensaje de Texto
Día 10
Mensaje de Texto
Por Dionisio Guerra
Dormí relajada. Creo que esa sonrisa al final del día, me hizo olvidar todos mis problemas.
Como me quedé sin plata, en la mañana mi papá me dio veinte dólares para que al menos llegara al trabajo, pero lo primero que hice fue pasar por la tienda de celulares. Mi intención era ser atendida otra vez por el precioso galán, pero otra vez el me vio primero y me sorprendió apareciéndose mágicamente a uno de mis costados.
“¡Volviste!”, me dijo. Yo sonreí. En realidad no tenía palabras. Él habló todo el tiempo. Me preguntó mi nombre, a qué me dedicaba, cuantos años tenía y finalmente que se me ofrecía.
“Quiero el celular que me enseñaste ayer, el de diez dólares”, le respondí yo.
Trajo una caja, sacó el equipo, lo probó, me enseñó que estaba en perfecto estado, lo volvió a empacar y lo puso en una bolsa. Todo lo hizo sin dejar de mirarme a los ojos. Estoy segura que Mr. Colombia estaba coqueteando conmigo.
Me despedí con mi teléfono de juguete en la mano, el solo volvió a sonreír iluminando mi día.
En la oficina la recepcionista me recibió con la noticia de que Fabián me había estado llamando y que dijo que le devolviera la llamada “urgente”. Pude notar la mueca de la “señorita” cuando me dio el mensaje.
Después de rescatar mi wallet, me dedique a leer los treinta y dos correos electrónicos de él. “¿Dónde estás?”, “¿Estás bien?”, “Contéstame una vez, por favor”, “¿Estás molesta?”.
Para ese momento regresaba a mi el Fabián que estuvo ausente de mis pensamientos. Lo llamé enseguida y le expliqué todo. “No te preocupes”- me dijo con mucha seguridad- “Mañana mismo resolvemos eso”. Según él, esa misma noche regresaba de Chiriquí.
Rebeca vino para actualizarse de todo, pero cuestionó mi ilusión por el vendedor de celulares. Puso en balanza al alto ejecutivo y socio de una firma importante contra un empleado, quizás ilegal, de una tiendita de celulares de un barrio cualquiera de la ciudad.
“Con todo y lo raro que es, yo me quedaría con Fabián”, dijo ella.
Probé mi nuevo teléfono. Para ser sencillo y barato era muy práctico y bonito. Pensé que era otra señal del destino y que así mismo era Andrés. Tal vez no sería un gran empresario, pero era justo lo que yo necesitaba.Le escribí a Fabián contándole de mi teléfono y me llamó enseguida. Me dijo que le alegraba mucho, pero que ya me tenía sorpresa, que no me encariñara.
Me imaginaba su sorpresa y no resistí las ganas de contárselo a Rebeca. –Creo que me alguien me compró un celular- escribí en el mensaje de texto. Al rato, que se apareció Rebeca le pregunté por el mensaje y me dice que nunca le llegó. Para asegurarme, porque así soy, revisé la lista de mensajes enviados y ¡Sorpresa! El mensaje nunca le llegó a ella, porque equivocadamente se le lo envié a Fabián.
Que vergüenza. Imagino las palabras que dijo cuando lo leyó, había sido nuevamente ridiculizada antes sus ojos. Intentando remediarlo le escribí -…y si es así, me pondría muy brava porque ya compré uno-.
No me respondió nada. Espero que nunca lo haga. Qué bochorno.Camino a casa decidí hacer una parada estratégica en la tienda de teléfonos celulares, con la excusa de recargar el saldo de mi celular. Otra vez el colombianito me recibió y con su gran sonrisa, otra vez caí a sus pies.
Me fui contenta a casa otra vez.
Dormí relajada. Creo que esa sonrisa al final del día, me hizo olvidar todos mis problemas.
Como me quedé sin plata, en la mañana mi papá me dio veinte dólares para que al menos llegara al trabajo, pero lo primero que hice fue pasar por la tienda de celulares. Mi intención era ser atendida otra vez por el precioso galán, pero otra vez el me vio primero y me sorprendió apareciéndose mágicamente a uno de mis costados.
“¡Volviste!”, me dijo. Yo sonreí. En realidad no tenía palabras. Él habló todo el tiempo. Me preguntó mi nombre, a qué me dedicaba, cuantos años tenía y finalmente que se me ofrecía.
“Quiero el celular que me enseñaste ayer, el de diez dólares”, le respondí yo.
Trajo una caja, sacó el equipo, lo probó, me enseñó que estaba en perfecto estado, lo volvió a empacar y lo puso en una bolsa. Todo lo hizo sin dejar de mirarme a los ojos. Estoy segura que Mr. Colombia estaba coqueteando conmigo.
Me despedí con mi teléfono de juguete en la mano, el solo volvió a sonreír iluminando mi día.
En la oficina la recepcionista me recibió con la noticia de que Fabián me había estado llamando y que dijo que le devolviera la llamada “urgente”. Pude notar la mueca de la “señorita” cuando me dio el mensaje.
Después de rescatar mi wallet, me dedique a leer los treinta y dos correos electrónicos de él. “¿Dónde estás?”, “¿Estás bien?”, “Contéstame una vez, por favor”, “¿Estás molesta?”.
Para ese momento regresaba a mi el Fabián que estuvo ausente de mis pensamientos. Lo llamé enseguida y le expliqué todo. “No te preocupes”- me dijo con mucha seguridad- “Mañana mismo resolvemos eso”. Según él, esa misma noche regresaba de Chiriquí.
Rebeca vino para actualizarse de todo, pero cuestionó mi ilusión por el vendedor de celulares. Puso en balanza al alto ejecutivo y socio de una firma importante contra un empleado, quizás ilegal, de una tiendita de celulares de un barrio cualquiera de la ciudad.
“Con todo y lo raro que es, yo me quedaría con Fabián”, dijo ella.
Probé mi nuevo teléfono. Para ser sencillo y barato era muy práctico y bonito. Pensé que era otra señal del destino y que así mismo era Andrés. Tal vez no sería un gran empresario, pero era justo lo que yo necesitaba.Le escribí a Fabián contándole de mi teléfono y me llamó enseguida. Me dijo que le alegraba mucho, pero que ya me tenía sorpresa, que no me encariñara.
Me imaginaba su sorpresa y no resistí las ganas de contárselo a Rebeca. –Creo que me alguien me compró un celular- escribí en el mensaje de texto. Al rato, que se apareció Rebeca le pregunté por el mensaje y me dice que nunca le llegó. Para asegurarme, porque así soy, revisé la lista de mensajes enviados y ¡Sorpresa! El mensaje nunca le llegó a ella, porque equivocadamente se le lo envié a Fabián.
Que vergüenza. Imagino las palabras que dijo cuando lo leyó, había sido nuevamente ridiculizada antes sus ojos. Intentando remediarlo le escribí -…y si es así, me pondría muy brava porque ya compré uno-.
No me respondió nada. Espero que nunca lo haga. Qué bochorno.Camino a casa decidí hacer una parada estratégica en la tienda de teléfonos celulares, con la excusa de recargar el saldo de mi celular. Otra vez el colombianito me recibió y con su gran sonrisa, otra vez caí a sus pies.
Me fui contenta a casa otra vez.
lunes, 29 de junio de 2009
Diario de una Cebollita: Día 9

Diario de una cebollita
Día 9
Celular
Día 9
Celular
Por Dionisio Guerra
Otro día extraño. No sabía de qué forma iba a llegar al trabajo. Sentía que todos se habían enterado que anduve con mis atributos al aire el día anterior. Fabián me mandó un correo electrónico diciendo que estaría por unos días más en Chiriquí. Creo que fue lo mejor que pudo pasar. No estoy preparada para enfrentarlo, para verlo a la cara. Debe estar burlándose de mí cada vez que se acuerda.
Pasé toda la mañana pensando en mi actitud barata del día anterior. Ahora con ropa interior eso era relevante. En realidad creo que tenía esperanzas de encontrar al fin un buen partido, pero veo que esa ilusión se aleja cada vez más de mi vida.
Esas reflexiones matutinas me dejaron down el resto del día. Me puse a pensar todo tipo de cosas. En realidad a esta altura de mi vida creo que no he logrado muchas cosas. Soy una mujer joven con un título universitario, con grandes capacidades, pero subvalorada. Fabián tenía razón cuando dijo que hago todo el trabajo.
Al parecer este día no podía pasar con cero desdichas. Después de una reunión se me olvidó quitarle el estado de vibración al teléfono y poco después del almuerzo, con una probabilidad que calculo en una en tres millones y medio, en una llamada de la cual nunca me enteraré, el celular vibró y vibró hasta deslizase entre unas carpetas y zurrarse hasta mi taza hirviente de café.No sé cuánto tiempo pasó, pero a mí me avisó del evento el burbujeo dentro de la taza. Me estresé. Saqué como pude el teléfono chorreando en café y lo llevé al baño. Allí lo envolví todo lo que pude en papel higiénico. Le quité la batería y el chip, y traté de secarlo lo más que pude.Contemplar mi teléfono en plena agonía me puso muy triste. Poco me faltó para hacerle RCP.
Al ver mi celular allí, desarmado, indefenso y sin vida me eché a llorar por mi desgracia. En el fondo sabía que no lloraba por el teléfono. Era como el conjunto de todo lo que se me acumuló en estos días. Subidas y bajadas. Ilusiones y desaires. Todo tan seguido.
Mientras me deshacía en lágrimas entró Rebeca y al verme en ese estado se alarmó. Después ella me confesó que pensó que se había muerto un familiar muy cercano para mí. Me abrazó y lloré en su hombro. Eso me dio fuerzas y descargué unos cinco minutos más de llanto sobre su consuelo.
Cuando vio sobre el lavamanos mi celular en pedazos cayó en cuenta. Después de separarme de sí, me agarró por los hombros, me miró a la cara y me dijo: “espero que no sea eso por lo que estés llorando”.
Obviamente le dije que no. La realidad era esa. Y como si lo necesitara comencé a contarle todo lo que me había pasado en los últimos días, desde el bus hasta el panty. No sé cómo pude sobrevivir a esto sin una amiga que escuchara mis penurias.
Recibí de ella varios consejos. El principal fue que tomara las cosas con calma y que le diera tiempo al tiempo. Pero sobre Fabián me dijo: “dice la recepcionista que es gay”. Estoy segura que la estúpida esa se le debe haber insinuado y como él no le hizo caso, ahora quiere dañar su reputación.
Rebeca me acompañó toda la tarde, asegurándose que estuviera bien. Incluso me dijo que me daría el “bote”, más cerca de mi casa. Me sentía motivada por las palabras de aquella compañera que ahora se estaba convirtiendo en mi amiga.
Decidí tomar las cosas con calma. Le agradecí a Rebeca darme su apoyo y bajé de su auto. Estaba a una media hora de casa, así que me tocaba esperar un taxi. Paré dos y ninguno quiso llevarme, aun así yo me sentía positiva.
El sonido de una campanilla aumento mi entusiasmo. El señor de las paletas se acercaba, así que decidí relajarme más con una deliciosa paleta de guineo, de las que eran mi obsesión de niña.
Saludé al señor. Me dio la paleta. La abrí. Disfruté cada rincón de su refrescante estructura e incluso me atreví a pedirle una segunda de coco. El señor me dijo: “Reina, son ochenta centavos por las dos”.
Yo, todavía con el entusiasmo alto, abrí la cartera en busca de mi wallet, pero no la encontré. Ya había devorado media paleta, así que procedí a realizar una segunda búsqueda. Nada. Al parecer con el enredo de mi teléfono la debí haber sacado y dejado sobre mi escritorio.
Sin remedio, el señor me regaló la de guineo. La de coco la tuve que devolver. Sin dinero, sin teléfono y con vergüenza, casi me echo al suelo en un berrinche. No tenía otra opción tuve que empezar a caminar hacia la casa.
En tacones y con un bolso pesado, pero sin un centavo, lo único que agradecí fue llevar ropa interior ese día.
Pude caminar por hora y media. Estaba exhausta y hambrienta. Fue entonces que, como a tres calles de mi casa hice el descubrimiento. Una tienda de celulares que acaba de inaugurar. Entré para mentalizarme sobre mi nueva inversión. Por un momento me sentí como una extraterrestre. Todos los modelos llevaban como veinte años de ventaja sobre el mío.
Me cautivaron varios modelos. Intenté preguntarle a una de las muchachas que atendía, que por su acento pude adivinar que era colombiana, pero fui ignorada al menos en cinco ocasiones. Estaba yo todavía tratando de llamar su atención cuando, no supe cómo ni en qué momento, a mi lado se paró un ángel. Era un muchacho de unos treinta años con los ojos miel, sin imperfecciones y bien arreglado, que me miraba fijamente. Yo con el aspecto de un orate, sudada, despeinada y con el maquillaje corrido, solo alcancé a sonreírle. El devolvió el gesto con una sonrisa que terminó de enamorarme.
Fuera de órbita, pareciendo una tonta, solo me atreví a comentarle: “estos colombianos”. Casi me muero de la vergüenza cuando con un marcado acento paisa me dice: “Te puedo ayudar en algo”.
La cara de vergüenza se me debió notar a kilómetros de allí. Por poco y salí corriendo del lugar inmediatamente, pero esa sonrisa tenía mis pies pegados al suelo.
Él sin duda, se percató de todo lo que hice. Yo solo me atreví a decirle: “necesito algo bonito y barato”. Después de comentar que esa era su especialidad, me presentó un equipo de $9.99. Le dije que regresaría y me dio su tarjeta por si me decidía (como si no estuviera decidida).
Se llama Andrés.
Me fui ilusionada de allí. Creo que mañana volveré.
jueves, 25 de junio de 2009
Diario de una cebollita: Día 8
Diario de una cebollita
Día 8
Panty
Día 8
Panty
Por Dionisio Guerra
Terrible. La verdad me da mucha pena escribir lo que pasó hoy. Fue una de las experiencias más extrañas de mi vida y en verdad, que espero nunca vuelva a repetirse. Creo que todo me pasa por calenturienta, pero juro que ya aprendí.
Comenzaré por el principio. Como Fabián quedó de pasar por mí para llevarme al trabajo a las siete y media de la mañana, me levanté dos horas antes para estar hermosa para cuando llegara. Me medí ocho mudas de ropa. Pantalón, falda, camisa, blusa. De todos los tamaños, de todas las formas, de todos los estampados. Al final me decidí por una falda a la rodilla con vuelo, que dejaba ver mis lindas piernas y una blusa roja con un escote que hacía más llamativo mi busto.
La verdad quería impresionarlo. A pesar de que es un hombre atractivo, y exitoso como profesional, al parecer le falta mucho que aprender de las mujeres. En estos días que hemos estado juntos ni siquiera me ha acariciado la mano, ni siquiera me ha dado un besito en el cachete. Todo es muy formal y respetuoso.
Yo entiendo que esas cosas sucedan en el ambiente laboral, pero nosotros ya pasamos esa línea. En Taboga me moría por abrazarlo, pero a veces una mujer debe guardar cierta compostura en los lugares públicos. Sin embargo, hoy me levanté con ganas de hacer lo contrario: de seducirlo.
Vino puntual. Otra vez me saludo dándome la mano, como a un hombre. Tan pronto subí al auto, sentí aquel perfume enloquecedor. Él casi ni hablaba, pero yo lo noté algo nervioso. Eso decía que mi atuendo estaba cumpliendo su cometido.
Comencé a agradeciéndole el día de ayer, pero creo que el perfume me fue emocionando y me atreví a ponerle una mano en su pierna. Quedó mudo. La quité estratégicamente, pero un minuto más tarde la volví a poner. Era tan divertido descontrolarlo.
El tranque que empezaba a formarse fuera estaba a mi favor. Para entonces ya el perfume había despertado una tigresa dentro de mí. Le agarré la mano. Tosió. Jugué con sus dedos mientras le preguntaba cosas del trabajo. Me agarró la mano. La apretó fuerte por alrededor de un minuto. Yo cerré los ojos y disfruté el momento.
Todo esto ocurría sin que nadie dijera una palabra. Le agarré la mano y le di un beso. Él no se atrevía ni a mirarme. Era como un adolescente. Me apretó la mano. La apretó fuerte e hizo lo mismo. Todo esto sin mirarme.
“Me gustas mucho Fabián”, le dije. Pero no reaccionó. Estaba petrificado. Luego no sé si lo pensé en voz alta pero le sugerí ir a un lugar más privado antes de llegar a la oficina. Faltaba todavía una hora para entrar.
No estoy segura si me escuchó, pero después de un par de desvíos entramos a un lugar de no tan buena reputación, pero el ideal para hacer lo que estaba en mi mente.
Tan pronto detuvo el carro. Lo besé. El pasmado siguió mi juego. Me bajé, le quité el cinturón de seguridad y continué besándolo. Él se bajó a pagar. Cuando nos abrieron seguí besándole. Pero ahora con cada beso intercalaba el despojo de una de las prendas que vestía. Primero la blusa. Besos. Fuera la falda. Caricias en la espalda. Fuera el brasier. Una mordida y allá va el panty.
Cuando estaba a punto de tirarme a la cama, suena su Blackberry. Me lo enseñó, me dijo que era el presidente de la firma, y se encerró en el baño a conversar. Al salir sin mirarme me dijo:”vístete que nos tenemos que ir, te espero afuera”.
Yo comencé a recoger mi ropa del piso, apenada y refunfuñando. ‘¿qué clase de hombre es este?’ me preguntaba, sin saber cuál sería mi verdadera agonía ese día. Recogí la falda, el brasier, la blusa y hasta las sandalias, pero no encontré el panty. Los busqué por todos lados, pero en mi apasionada entrada quién sabe dónde quedó.
Puedo jurarlo, rebusque ese cuarto tres veces y nada. Mi panty había desaparecido. A los cinco minutos de búsqueda volvió a entrar y decirme: “Nos tenemos que ir ya. Voy a arrancar el carro”. Me vestí con lo que tenía y me monté al carro sin ropa interior.
No hablamos hasta que llegamos a la oficina. Fabián me dijo que se iba a Chiriquí, que me llamaba luego. Yo llegué me senté y no me paré hasta las seis de la tarde, la hora de salida. Pedí almuerzo a domicilio. Ni siquiera fui al baño.
Un fresquito indescriptible recorrió mi cuerpo todo el día. Rogué que no me llegara el frío porque literalmente podía congelarme. El temor fue latente todo el día. Nervio mezclado con el fresco. Era mi secreto. Con cada persona que pasó a mi lado lanzaba una oración deseando que no se diera cuenta.
Sentía la cara caliente. Lo más probable es que tuviera las orejas rojas. Me pasaba las manos a cada rato por la cara. Cada movimiento en la silla lo hice con la mayor delicadeza del mundo. Cruzar las piernas, ni pensarlo. Fue un riesgo que no me tomé. Además así también evité el frío.
Pagué un taxi de diez dólares hasta mi casa. No quería hablar con nadie. Mi mamá me recibió con una sonrisa, pero yo ni siquiera pude mirarle a la cara. Me metí al baño. Me quité la ropa. Abrí la regadera y me metí bajo el chorro de agua. Me puse a llorar, casi tan fuerte como la corriente que caía sobre mí.
La verdad ni siquiera estaba segura del porqué de mi llanto. No estoy segura si era por haberme quedado sin panty todo un día, por el desplante que me hizo Fabián o por quedar ante él como una loca caliente.
No creo que pueda dormir esta noche ni tampoco dejar de llorar :’(
jueves, 18 de junio de 2009
Diario de una cebollita: Día 6
Diario de una cebollita
Día 6
El EX
Día 6
El EX
Por Dionisio Guerra
Estoy por creer que tengo un problema mental. Una incapacidad que no me permite razonar correctamente y que prácticamente me obliga a estar de error en error. Ayer decía que creo en las segundas oportunidades, pero ya estoy evaluando seriamente si esa afirmación seguirá siendo parte de mi vida.
Como buena niña en sábado, me levanté temprano a lavar ropa y ayudar con los quehaceres, pero en la tarde estaba lista para recordar una de las mejores épocas de mi vida con Cristian.
Nos encontramos a eso de las cinco de la tarde y fuimos a ver “Marley y yo”. La película sobre un cariñoso pero diabólico perro que me tuvo llorando descontroladamente media hora después que salimos del cine.
Cristian, que conoce ya mi sensibilidad, me llevó a tomar un poco de aire para que se me pasara. Me tomó de la mano, me abrazó, me acarició la mejilla, me besó. Era como si hubiera regresado de ese largo viaje en que me dejó hace tres años, cuando nos separamos. Me sentí protegida y segura en sus brazos.
Después de recibir una llamada, me dijo: “vamos a ir a cenar con mis amigos”. En realidad no eran sus amigos, era su mejor amiga, a la cual detesto y ella me detesta. Primero me predispuse a tener que sopórtala, pero después pensé que debía evaluar esta nueva oportunidad de estar juntos desde todos sus ángulos, así que me dije “voy a intentar caerle bien esta vez”.
Llegamos y ella ya estaba sentada con su novio. Yo los saludé como si nada, pero si noté la mueca que ella hizo cuando me vio. Mientras ordenamos ella le comenzó a hablar a Cristian sobre quién sabe quién de la universidad, del hijo de su tía y luego del carro que le estaban vendiendo, cosas que solo ellos dos entendían.
Él fue acaparado totalmente por ella, mientras yo no veía cómo incorporarme en la conversación y dejar de ser únicamente el ficus. Comencé primero con afirmaciones (¡Sí!), luego a hacer símiles (yo conozco a alguien que también lo hizo) y también di mi opinión (Yo creo que...), pero nada de eso sirvió. Incluso he llegado a pensar que se pusieron de acuerdo para tratarme así.
Mientras comíamos ella empezó a hablar de una tal Sonia, con la que al parecer Cristian estuvo saliendo.
“Mejor que la dejaste. Yo me hubiera replanteado nuestra amistad, si seguías con ella. Era una corriente”. Todo eso lo dijo mirándome y con un marcado énfasis en sus palabras. Yo no le hice caso, hasta que mencionó. “Ni se te ocurra traerla de vuelta un día, y menos a cenar”.
Eso fue personal. Me levanté de la mesa hacia la salida enfurecida. Esperaba que Cristian corriera tras de mí a detenerme, a decirme que no me fuera, que todo era un mal entendido, y que ese era el último día que la veía, pero eso no sucedió. Solamente se limitó a llamarme por teléfono preguntándome “¿Qué te pasó?”.
Agarré el taxi a casa, casi mordiéndome la lengua. Una mujer no debe parecer indefensa ante un taxista. En casa nadie me esperaba, mis papás habían salido a cenar a casa de unos amigos. Aproveché para llorar a llanto suelto, como cuando era niña, hasta quedarme sin lagrimas y sin voz.
Tirada en el piso me juré no volver a creer nunca más en la palabra de un hombre. Pero reflexionando en mi cama me di cuenta de lo estúpida que fui al rechazar a Fabián, por querer revivir lo que tuve con quien pensé era mi alma gemela. Como eran más del las doce agarré el teléfono para felicitarlo por su cumpleaños. Lo que pude oírle, en medio de la fiesta que tenían allá, fue que estaba aburrido, que se sentía solo.
Siento que tuve una excelente oportunidad al frente, pero la dejé pasar. No puedo evitar seguir llorando. :'(
Estoy por creer que tengo un problema mental. Una incapacidad que no me permite razonar correctamente y que prácticamente me obliga a estar de error en error. Ayer decía que creo en las segundas oportunidades, pero ya estoy evaluando seriamente si esa afirmación seguirá siendo parte de mi vida.
Como buena niña en sábado, me levanté temprano a lavar ropa y ayudar con los quehaceres, pero en la tarde estaba lista para recordar una de las mejores épocas de mi vida con Cristian.
Nos encontramos a eso de las cinco de la tarde y fuimos a ver “Marley y yo”. La película sobre un cariñoso pero diabólico perro que me tuvo llorando descontroladamente media hora después que salimos del cine.
Cristian, que conoce ya mi sensibilidad, me llevó a tomar un poco de aire para que se me pasara. Me tomó de la mano, me abrazó, me acarició la mejilla, me besó. Era como si hubiera regresado de ese largo viaje en que me dejó hace tres años, cuando nos separamos. Me sentí protegida y segura en sus brazos.
Después de recibir una llamada, me dijo: “vamos a ir a cenar con mis amigos”. En realidad no eran sus amigos, era su mejor amiga, a la cual detesto y ella me detesta. Primero me predispuse a tener que sopórtala, pero después pensé que debía evaluar esta nueva oportunidad de estar juntos desde todos sus ángulos, así que me dije “voy a intentar caerle bien esta vez”.
Llegamos y ella ya estaba sentada con su novio. Yo los saludé como si nada, pero si noté la mueca que ella hizo cuando me vio. Mientras ordenamos ella le comenzó a hablar a Cristian sobre quién sabe quién de la universidad, del hijo de su tía y luego del carro que le estaban vendiendo, cosas que solo ellos dos entendían.
Él fue acaparado totalmente por ella, mientras yo no veía cómo incorporarme en la conversación y dejar de ser únicamente el ficus. Comencé primero con afirmaciones (¡Sí!), luego a hacer símiles (yo conozco a alguien que también lo hizo) y también di mi opinión (Yo creo que...), pero nada de eso sirvió. Incluso he llegado a pensar que se pusieron de acuerdo para tratarme así.
Mientras comíamos ella empezó a hablar de una tal Sonia, con la que al parecer Cristian estuvo saliendo.
“Mejor que la dejaste. Yo me hubiera replanteado nuestra amistad, si seguías con ella. Era una corriente”. Todo eso lo dijo mirándome y con un marcado énfasis en sus palabras. Yo no le hice caso, hasta que mencionó. “Ni se te ocurra traerla de vuelta un día, y menos a cenar”.
Eso fue personal. Me levanté de la mesa hacia la salida enfurecida. Esperaba que Cristian corriera tras de mí a detenerme, a decirme que no me fuera, que todo era un mal entendido, y que ese era el último día que la veía, pero eso no sucedió. Solamente se limitó a llamarme por teléfono preguntándome “¿Qué te pasó?”.
Agarré el taxi a casa, casi mordiéndome la lengua. Una mujer no debe parecer indefensa ante un taxista. En casa nadie me esperaba, mis papás habían salido a cenar a casa de unos amigos. Aproveché para llorar a llanto suelto, como cuando era niña, hasta quedarme sin lagrimas y sin voz.
Tirada en el piso me juré no volver a creer nunca más en la palabra de un hombre. Pero reflexionando en mi cama me di cuenta de lo estúpida que fui al rechazar a Fabián, por querer revivir lo que tuve con quien pensé era mi alma gemela. Como eran más del las doce agarré el teléfono para felicitarlo por su cumpleaños. Lo que pude oírle, en medio de la fiesta que tenían allá, fue que estaba aburrido, que se sentía solo.
Siento que tuve una excelente oportunidad al frente, pero la dejé pasar. No puedo evitar seguir llorando. :'(
lunes, 15 de junio de 2009
Diario de una cebollita: Día 5
Diario de una cebollita
Día 5
Humedal
Día 5
Humedal
Por Dionisio Guerra
En la mañana, lo primero que hice fue ir a otro salón de belleza a que me emparejaran la tragedia que traía encima. La verdad, hizo un milagro. Me quedó muy cortito, pero no se ve atroz, además según me dijo el peluquero, así mi pechonalidad resaltaba más. Me vi en el espejo y me pareció, así que esta vez salí con la frente en alta.
De regreso a la oficina iba pensando en lo fácil que cambia mi percepción de la gente. Al principio de esta semana rogaba que se diera la oportunidad de llevarle una taza de café a Fabián para echarle veneno de ratas dentro, pero ahora, finalizando la semana, tengo una ganas intensas de verlo.
Nos encontramos en el estacionamiento y me preguntó si quería almorzar con él. Le dije que sí, sin dudarlo. Mientras subíamos en el ascensor otra vez sentí el perfume, el de la locura, y me contagié. Rogaba por que llegara el medio día. Me dijo que vendrían a verlo unos clientes, que después hablábamos.
Me la pase feliz toda la mañana. Las otras me miraban raro y ya no me importaba si era por mi pelo. Pasé varias veces por café a la cocina soñando encontrármelo. Pero nada de eso sucedió.
Iban a ser las once de la mañana, cuando escuchamos un ruido extraño. Como una explosión. Parecía como su una corriente de aire hubiese entrado estrepitosamente. Como cesó, no le dimos importancia, hasta unos quince minutos después cuando la oficina se empezó a inundar.
Al parecer en el piso de arriba la presión hizo que las tuberías colapsaran, y el agua comenzó a filtrase de un piso a otro. Intentamos recoger las cosas, pero el Administrador ordenó que nos retiráramos a casa.
Como teníamos el resto del día a las muchachas se les ocurrió irnos de compra. Le pregunté a la recepcionista por Fabián y me dijo que lo vio salir con los clientes con los que estaba reunido y no dijo a qué hora volvería.
Me sentí decepcionada. ¿Se le habría olvidado la invitación?
Pasamos toda la tarde haciendo “window shopping” y por una de esas casualidades de la vida, mientras estaba en la sección de ropa interior de un almacén, se me apareció Cristian, mi exnovio favorito. Me dio un beso que dejó envidiosas a todas mis compañeras de trabajo, me tomó de la mano y me llevó fuera. Conversamos por largo rato.
Desde que terminamos, hace tres años, no nos volvimos a llamar ni coincidimos más. Ahora parecía otra persona. Amable, cordial, cariñoso, como en los primeros días de nuestra relación. Casi que me vuelvo a enamorar. A ese hombre yo lo amé con todas mis fuerzas, pero al final de nuestra relación se convirtió en un monstruo. Ahora me parecía estar viviendo un deja vu de aquellas épocas.
Me dijo que estaba de vacaciones, que me veía preciosa y que había dejado a la chola ridícula con la que se fue a vivir después que nuestra relación se acabó. “Vamos a salir”, me dijo, con su peculiar forma juguetona de convencerme. ¿Porqué debía decirle que no? Siempre he creído en las segundas oportunidades. Así que mañana vamos a ir al cine y después a cenar.
Me fui a la casa medio ilusionada. Creo que si fuéramos novios ahora seriamos más felices que cuando lo fuimos. Prácticamente éramos unos niños que no sabían nada de la vida.
Llegué a casa y me puse a ver fotos viejas de Cristian y cada vez me convencía más de que nuestra salida de mañana puede ser una nueva oportunidad. Leí sus cartas locas, sus poemas con faltas ortográficas y recordé sus llamadas en la madrugada hasta que nos quedábamos dormidos los dos en el teléfono.
Pero la burbuja de ilusión que me rodeaba fue interrumpida a eso de las nueve de la noche por el sonido de mi celular. Era Fabián, apenado, disculpándose y explicándome que los clientes extranjeros se lo llevaron a que les enseñara Panamá y no lo soltaron hasta ahora.
“Lo primero que estoy haciendo es llamarte. Aún no me voy del hotel. Necesito que me disculpes”. Después sugirió algo que tuve que pedirle que repitiera para entenderlo. Según él cumple años el domingo y sus amigos han decidido organizarle una fiesta en un yate y quiere que lo acompañe. Salen mañana a las nueve de la noche y se quedan hasta el domingo en la tarde en la isla de Taboga.
Mi primera reacción fue decirle que sí, pero después me acordé que ya había quedado con Cristian para mañana. Así que por más que me encantara la idea tuve que negarme. “Es que ya había hecho planes con mi familia”, le dije.
No puedo negar que las últimas ocho horas han cambiado totalmente mi estado de ánimo. ¿Quién lo diría? Yo hoy soy asediada por varios galanes. A tal punto que tengo que escoger. La verdad espero haber hecho la mejor elección, mejor es malo conocido que bueno por conocer.
Mira tú, es la primera noche en días que no estoy llorando.
En la mañana, lo primero que hice fue ir a otro salón de belleza a que me emparejaran la tragedia que traía encima. La verdad, hizo un milagro. Me quedó muy cortito, pero no se ve atroz, además según me dijo el peluquero, así mi pechonalidad resaltaba más. Me vi en el espejo y me pareció, así que esta vez salí con la frente en alta.
De regreso a la oficina iba pensando en lo fácil que cambia mi percepción de la gente. Al principio de esta semana rogaba que se diera la oportunidad de llevarle una taza de café a Fabián para echarle veneno de ratas dentro, pero ahora, finalizando la semana, tengo una ganas intensas de verlo.
Nos encontramos en el estacionamiento y me preguntó si quería almorzar con él. Le dije que sí, sin dudarlo. Mientras subíamos en el ascensor otra vez sentí el perfume, el de la locura, y me contagié. Rogaba por que llegara el medio día. Me dijo que vendrían a verlo unos clientes, que después hablábamos.
Me la pase feliz toda la mañana. Las otras me miraban raro y ya no me importaba si era por mi pelo. Pasé varias veces por café a la cocina soñando encontrármelo. Pero nada de eso sucedió.
Iban a ser las once de la mañana, cuando escuchamos un ruido extraño. Como una explosión. Parecía como su una corriente de aire hubiese entrado estrepitosamente. Como cesó, no le dimos importancia, hasta unos quince minutos después cuando la oficina se empezó a inundar.
Al parecer en el piso de arriba la presión hizo que las tuberías colapsaran, y el agua comenzó a filtrase de un piso a otro. Intentamos recoger las cosas, pero el Administrador ordenó que nos retiráramos a casa.
Como teníamos el resto del día a las muchachas se les ocurrió irnos de compra. Le pregunté a la recepcionista por Fabián y me dijo que lo vio salir con los clientes con los que estaba reunido y no dijo a qué hora volvería.
Me sentí decepcionada. ¿Se le habría olvidado la invitación?
Pasamos toda la tarde haciendo “window shopping” y por una de esas casualidades de la vida, mientras estaba en la sección de ropa interior de un almacén, se me apareció Cristian, mi exnovio favorito. Me dio un beso que dejó envidiosas a todas mis compañeras de trabajo, me tomó de la mano y me llevó fuera. Conversamos por largo rato.
Desde que terminamos, hace tres años, no nos volvimos a llamar ni coincidimos más. Ahora parecía otra persona. Amable, cordial, cariñoso, como en los primeros días de nuestra relación. Casi que me vuelvo a enamorar. A ese hombre yo lo amé con todas mis fuerzas, pero al final de nuestra relación se convirtió en un monstruo. Ahora me parecía estar viviendo un deja vu de aquellas épocas.
Me dijo que estaba de vacaciones, que me veía preciosa y que había dejado a la chola ridícula con la que se fue a vivir después que nuestra relación se acabó. “Vamos a salir”, me dijo, con su peculiar forma juguetona de convencerme. ¿Porqué debía decirle que no? Siempre he creído en las segundas oportunidades. Así que mañana vamos a ir al cine y después a cenar.
Me fui a la casa medio ilusionada. Creo que si fuéramos novios ahora seriamos más felices que cuando lo fuimos. Prácticamente éramos unos niños que no sabían nada de la vida.
Llegué a casa y me puse a ver fotos viejas de Cristian y cada vez me convencía más de que nuestra salida de mañana puede ser una nueva oportunidad. Leí sus cartas locas, sus poemas con faltas ortográficas y recordé sus llamadas en la madrugada hasta que nos quedábamos dormidos los dos en el teléfono.
Pero la burbuja de ilusión que me rodeaba fue interrumpida a eso de las nueve de la noche por el sonido de mi celular. Era Fabián, apenado, disculpándose y explicándome que los clientes extranjeros se lo llevaron a que les enseñara Panamá y no lo soltaron hasta ahora.
“Lo primero que estoy haciendo es llamarte. Aún no me voy del hotel. Necesito que me disculpes”. Después sugirió algo que tuve que pedirle que repitiera para entenderlo. Según él cumple años el domingo y sus amigos han decidido organizarle una fiesta en un yate y quiere que lo acompañe. Salen mañana a las nueve de la noche y se quedan hasta el domingo en la tarde en la isla de Taboga.
Mi primera reacción fue decirle que sí, pero después me acordé que ya había quedado con Cristian para mañana. Así que por más que me encantara la idea tuve que negarme. “Es que ya había hecho planes con mi familia”, le dije.
No puedo negar que las últimas ocho horas han cambiado totalmente mi estado de ánimo. ¿Quién lo diría? Yo hoy soy asediada por varios galanes. A tal punto que tengo que escoger. La verdad espero haber hecho la mejor elección, mejor es malo conocido que bueno por conocer.
Mira tú, es la primera noche en días que no estoy llorando.
jueves, 11 de junio de 2009
Diario de una cebollita: Día 4
Diario de una cebollita
Día 4
Napoleón
Día 4
Napoleón
Por Dionisio Guerra
Debí dormir una hora. Estoy exhausta. Estoy llorando esta noche también. En parte por mi pelo, pero también por sensación extraña, que es mezcla de emoción con miedo.
En la mañana, con las pocas fuerzas que me quedaban me fui al salón de belleza para estar regia en la reunión de la tarde. Le pedí blower, pero la estilista me recomendó recortarme las puntas. Yo todavía adormilada le decía que sí a todo lo que ella sugería.
Cuando terminó casi le pido las tijeras para hacerme un hara-kiri. Lo que hizo no tiene nombre. Mi cabeza era como la abuela de “Pedro el escamoso”. En la parte superior lo dejó bien corto, pero la parte de atrás tenía mechones de todos los tamaños.
La cara de la dominicana era casi la mía. Creo que ella quiso hacer un experimento, que resultó fallido. Lo malo fue que mi cabeza sufrió las consecuencias. Salí de allí mirando al piso, a punto de llorar, pensando en la reunión de la tarde.
Al entrar a la oficina sentí que todo el mundo se burlaba de mi. Desde la atrevida de la recepcionista hasta cada uno de los socios. No había forma en que me peinara que no se notara. Era un real desastre. Es el mismo corte con que recuerdo a mi tía, y que mi prima llamaba el corte “napoleón”.
A las tres quedé de reunirme en el lobby con Fabián, el nuevo socio. Cuando me vio puso una cara de espanto, que estoy segura era por nuevo corte de pelo. Nos fuimos en su carro, sin decir ninguno palabra alguna. Encerrados los dos, comencé a percibir algo que antes nunca noté, un aroma especial que me gustaba mucho. No pasó mucho para darme cuenta que era el mismo perfume que hace unos días me convirtió en una loca en el bus.
No pude evitar mirarlo para asegurarme que no era el mismo que me dejó llorando aquella vez. Lo hice tan obvio que se dio cuenta. “¿Estás preparada?”, comentó mientras su mirada seguía al volante, y me explicaba la forma en que teníamos que hacer que esos clientes nos firmaran el contrato.
Por un momento desapareció el odio, lo miré lindo por primera vez. Me desperté a mi misma, recordándome que no era el momento para ilusionarse.
La reunión comenzó un poco tensa. Los clientes exigían cosas que no estaban en el contrato. Fabián no se dejaba y también les replicaba las exigencias, sin embargo en un momento las cosas se pusieron tan hostiles, que me atreví a reprocharles: “Señores, creo que está discusión debimos tenerla en otro momento, ya la negociación se hizo y ustedes aceptaron todo lo que establece ese contrato”. No sé de donde había sacado fuerzas, pero lo hice.
La junta directiva de la empresa me miraba atónita, seguro por mi cabello. El presidente de la compañía, me miró con ojos de asesino. Se levantó de su silla, me señaló y dijo: “¿Y usted quién es para estar opinando aquí? Suárez (a Fabián), espero un nuevo contrato con todo lo que le acabo de pedir. Cuando esté listo, me avisa personalmente. Mientras tanto no los quiero ver por aquí”. Después de eso salió apresuradamente por la puerta y detrás de él, cada uno de los representantes de la Junta.
Por un momento en el día, mi cabello no fue importante. Sentía una vergüenza tremenda y culpa, por haber dejado que nuestro cliente se enfureciera de esa forma. Yo salí corriendo tras ellos hacia la salida, llorando como una magdalena.
Fabián me alcanzó en el estacionamiento. No dijo nada, solo me abrazó. Me sentí tan bien en sus brazos. Desde allí el perfume era más intenso, así que lo apretaba cada vez más. Estuvimos largo rato así, hasta que dejé de sollozar.
Me dijo: “Tranquilízate, esto es normal en este tipo de negociaciones. Tu actuaste muy bien”. Después de eso, me llevó a la casa.
He estado pensando en él el resto de la noche. Pero eso no ha evitado que llore, cada vez que me miro en el espejo y contemplo el terror de mi pelo, entro en llanto. :'(
Debí dormir una hora. Estoy exhausta. Estoy llorando esta noche también. En parte por mi pelo, pero también por sensación extraña, que es mezcla de emoción con miedo.
En la mañana, con las pocas fuerzas que me quedaban me fui al salón de belleza para estar regia en la reunión de la tarde. Le pedí blower, pero la estilista me recomendó recortarme las puntas. Yo todavía adormilada le decía que sí a todo lo que ella sugería.
Cuando terminó casi le pido las tijeras para hacerme un hara-kiri. Lo que hizo no tiene nombre. Mi cabeza era como la abuela de “Pedro el escamoso”. En la parte superior lo dejó bien corto, pero la parte de atrás tenía mechones de todos los tamaños.
La cara de la dominicana era casi la mía. Creo que ella quiso hacer un experimento, que resultó fallido. Lo malo fue que mi cabeza sufrió las consecuencias. Salí de allí mirando al piso, a punto de llorar, pensando en la reunión de la tarde.
Al entrar a la oficina sentí que todo el mundo se burlaba de mi. Desde la atrevida de la recepcionista hasta cada uno de los socios. No había forma en que me peinara que no se notara. Era un real desastre. Es el mismo corte con que recuerdo a mi tía, y que mi prima llamaba el corte “napoleón”.
A las tres quedé de reunirme en el lobby con Fabián, el nuevo socio. Cuando me vio puso una cara de espanto, que estoy segura era por nuevo corte de pelo. Nos fuimos en su carro, sin decir ninguno palabra alguna. Encerrados los dos, comencé a percibir algo que antes nunca noté, un aroma especial que me gustaba mucho. No pasó mucho para darme cuenta que era el mismo perfume que hace unos días me convirtió en una loca en el bus.
No pude evitar mirarlo para asegurarme que no era el mismo que me dejó llorando aquella vez. Lo hice tan obvio que se dio cuenta. “¿Estás preparada?”, comentó mientras su mirada seguía al volante, y me explicaba la forma en que teníamos que hacer que esos clientes nos firmaran el contrato.
Por un momento desapareció el odio, lo miré lindo por primera vez. Me desperté a mi misma, recordándome que no era el momento para ilusionarse.
La reunión comenzó un poco tensa. Los clientes exigían cosas que no estaban en el contrato. Fabián no se dejaba y también les replicaba las exigencias, sin embargo en un momento las cosas se pusieron tan hostiles, que me atreví a reprocharles: “Señores, creo que está discusión debimos tenerla en otro momento, ya la negociación se hizo y ustedes aceptaron todo lo que establece ese contrato”. No sé de donde había sacado fuerzas, pero lo hice.
La junta directiva de la empresa me miraba atónita, seguro por mi cabello. El presidente de la compañía, me miró con ojos de asesino. Se levantó de su silla, me señaló y dijo: “¿Y usted quién es para estar opinando aquí? Suárez (a Fabián), espero un nuevo contrato con todo lo que le acabo de pedir. Cuando esté listo, me avisa personalmente. Mientras tanto no los quiero ver por aquí”. Después de eso salió apresuradamente por la puerta y detrás de él, cada uno de los representantes de la Junta.
Por un momento en el día, mi cabello no fue importante. Sentía una vergüenza tremenda y culpa, por haber dejado que nuestro cliente se enfureciera de esa forma. Yo salí corriendo tras ellos hacia la salida, llorando como una magdalena.
Fabián me alcanzó en el estacionamiento. No dijo nada, solo me abrazó. Me sentí tan bien en sus brazos. Desde allí el perfume era más intenso, así que lo apretaba cada vez más. Estuvimos largo rato así, hasta que dejé de sollozar.
Me dijo: “Tranquilízate, esto es normal en este tipo de negociaciones. Tu actuaste muy bien”. Después de eso, me llevó a la casa.
He estado pensando en él el resto de la noche. Pero eso no ha evitado que llore, cada vez que me miro en el espejo y contemplo el terror de mi pelo, entro en llanto. :'(
lunes, 8 de junio de 2009
Diario de una cebollita: Día 3

Diario de una cebollita
Día 3
Gracias Facebook
Por Dionisio Guerra
Necesito un baño en la playa. Son las cuatro de la mañana ahora. Sólo tengo dos horas para dormir antes de ir a trabajar. Como es costumbre, estoy tumbada en mi cama llorando. Mi día parecía glorioso pero al final de la noche se desmoronó.
En el trabajo lo único relevante que pasó fue que mi jefe me pidió representarlo mañana en una reunión con nuestros clientes más importantes, porque sale para un viaje de urgencia. La “buena noticia” (estoy siendo irónica) es que me toca ir acompañada con el socio nuevo, el “impoluto”. Creo que el desprecio es mutuo entre él y yo.
En la tarde me llamó Andreita, quería que la acompañara en la noche a celebrar el cumpleaños de Irma en una discoteca. Le dije que sí, pero después me arrepentí. Con el ánimo que he tenido estos días prefería quedarme en casa, pero cuando llegué del trabajo ella ya estaba allí esperándome, así que ni modo, me cambié y nos fuimos.
Estuvimos celebrando entre amigas por un rato, pero después me volví a acordar de lo mal que me ha ido en estas semanas. Pero algo que yo no me esperaba sucedió, apareció en escena Ramón y Ramiro, dos compañeros de la escuela que hace mucho no veíamos. Llegaron y se sentaron con nosotras.
Ramiro fue novio de Andreita en aquel tiempo y yo siempre me babié por Ramón. Comenzamos una agradable conversación entre los cuatros, pero luego de unos minutos, quedé conversando con Ramón mientras los otros recordaban viejos tiempos.
Me dijo que le encantaba verme, que estaba linda, que le agradaba haberme encontrado, que nunca se atrevió a decirme esas cosas en la escuela, pero la frase que terminó por derretirme fue “Me agrada que te hayas convertido en una hermosa mujer”. Sentí que fuegos artificiales estallaban dentro de mí. El poder de esa frase era lo único que me separaba de una depresión.
Un rato después nos estábamos besando. Fui feliz un par de horas y más cuando me dijo que le gustaría tener algo serio conmigo. Lo triste vino al contarme que en dos mese salía a estudiar a Europa por dos años. “¿Esperas a que venga?”, me dijo finalizando la noche.
El trayecto a casa esa pregunta fue la única cosa en mi mente, le di vueltas y vueltas. Por una hora estuve analizándolo en la cama. Me decía: “¿Qué puedo perder? Es un hombre maravilloso ¿Qué son dos años? Entonces me decidí a mandarle un mensaje confirmándole mi decisión. Entré a Internet, dispuesta a escribirle: “Creo que esta noche he descubierto que el tiempo no es nada. Acepto”.
Las manos me bailaban, el corazón me quería hervir, hasta que el mundo se volvió a caer sobre mí. Cuando abro su perfil en Facebook, lo primero que salta ante mis ojos, es Ramón está en una relación con Amanda”.
Primero me sentí entupida. Yo desnuda, aun maquillada, sentada ante el computador, ilusionada, dizque enamorada, para descubrir que los hombres siguen jugando conmigo. No pude evitarlo, las lágrimas comenzaron a rodar por mis cachetes y pronto quedé empapada en llanto.
Me entraron ganas de llamarlo, de putearlo, de asesinarlo, pero pensé que podría verme más imbécil que ahora, así que no lo hice. En cambio, me quede aquí en la cama llorando. No creo que pueda dormir, no puedo dejar de recordar su cara de príncipe azul prometiéndome el cielo.
Después de todo, creo que a quien tengo que fusilar es a mi misma. :'(
jueves, 4 de junio de 2009
Diario de una cebollita: Día 2
Diario de una cebollita
Día 2
¿Qué te pasó?
Día 2
¿Qué te pasó?
Por Dionisio Guerra
Después de mi altercado de ayer esperaba que mi día fuera algo turbulento hoy, pero resultó más tranquilo de lo que esperaba. Lo que si tuve fue un día triste. Debo decir, angustiante.
Al mediodía, Rebeca me invitó a almorzar (cosa rara en ella), y como necesitaba salir de la oficina, para tomar otro aire, le acepté la invitación. Ojalá eso hubiera sido lo peor. Cuando llegamos al restaurante una de las primeras personas que veo es a Rita, mi compañera de secundaria. Hace más de diez años que no nos veíamos, me emocioné de ver lo bonita que estaba.
Me acerqué a saludarla. Me paré frente a ella y la miré a los ojos, ella me miró fijamente pero su cara decía que no se acordaba de mí. Me sentí tan decepcionada por eso. Fuimos amigas muchos años. Su mirada estuvo unos segundos sobre la mía, pero estuvo a punto de darse la vuelta e irse a otro lado. Le tuve que decir “Soy yo” para que me reconociera.
Eso fue lo peor que pude hacer, debí darme la vuelta también y asumir que nunca la vi. Su cara de asombro, auguró un terremoto a mi ego. “Pero qué te pasó, has cambiado mucho”. Hubiera preferido que me dijera “ballena”. Después de todo, ella está más gorda que yo.
Las lágrimas por poco se me salen frente a ella, pero lo único que hice fue sonreír y rematar con una mueca de vergüenza. No comí esa tarde ni el resto del día. La verdad lo de Rita, ha sido una de más de las afirmaciones de la gente que me encuentro que no veía hace años. “Tú no estabas así”, “Ya para la boca”, y lo peor “¿estás embarazada?”. La gente no tiene compasión. Peso solo 30 libras más de lo que pesaba en secundaria. ¿Eso me hace una vaca?
Hace como tres meses, cuando comenzó a pasarme eso en la calle. Llamé a Jorge, mi exnovio de la secundaria, y le pedí que hiciéramos el amor. Cuando me empecé a desnudar lo miré fijamente a la cara para ver si su reacción sobre mi nuevo cuerpo era de repudio. Me dijo cosas muy bonitas como que le encantaba el olor de mi piel o la suavidad de mis piernas, y que se había dado cuenta que mi cuerpo solo cambió de niña a mujer. Yo le creí. Eso es lo pasó. La oruga se convirtió en una mariposa, no en una vaca.
Las mujeres somos las enemigas más grandes de nosotras mismas. No voy a hacer dieta solo para complacer a Rita “la zorrita”. ¿O será que ese es mi gran problema? ¿Lo que me tiene alejada de los hombres? ¿Será que al final si soy una mujer obesa, que pronto no va a poder levantarse de la cama?
Lo siento, tengo que dejar de escribir, las lágrimas van a borrar la tinta. :(
Después de mi altercado de ayer esperaba que mi día fuera algo turbulento hoy, pero resultó más tranquilo de lo que esperaba. Lo que si tuve fue un día triste. Debo decir, angustiante.
Al mediodía, Rebeca me invitó a almorzar (cosa rara en ella), y como necesitaba salir de la oficina, para tomar otro aire, le acepté la invitación. Ojalá eso hubiera sido lo peor. Cuando llegamos al restaurante una de las primeras personas que veo es a Rita, mi compañera de secundaria. Hace más de diez años que no nos veíamos, me emocioné de ver lo bonita que estaba.
Me acerqué a saludarla. Me paré frente a ella y la miré a los ojos, ella me miró fijamente pero su cara decía que no se acordaba de mí. Me sentí tan decepcionada por eso. Fuimos amigas muchos años. Su mirada estuvo unos segundos sobre la mía, pero estuvo a punto de darse la vuelta e irse a otro lado. Le tuve que decir “Soy yo” para que me reconociera.
Eso fue lo peor que pude hacer, debí darme la vuelta también y asumir que nunca la vi. Su cara de asombro, auguró un terremoto a mi ego. “Pero qué te pasó, has cambiado mucho”. Hubiera preferido que me dijera “ballena”. Después de todo, ella está más gorda que yo.
Las lágrimas por poco se me salen frente a ella, pero lo único que hice fue sonreír y rematar con una mueca de vergüenza. No comí esa tarde ni el resto del día. La verdad lo de Rita, ha sido una de más de las afirmaciones de la gente que me encuentro que no veía hace años. “Tú no estabas así”, “Ya para la boca”, y lo peor “¿estás embarazada?”. La gente no tiene compasión. Peso solo 30 libras más de lo que pesaba en secundaria. ¿Eso me hace una vaca?
Hace como tres meses, cuando comenzó a pasarme eso en la calle. Llamé a Jorge, mi exnovio de la secundaria, y le pedí que hiciéramos el amor. Cuando me empecé a desnudar lo miré fijamente a la cara para ver si su reacción sobre mi nuevo cuerpo era de repudio. Me dijo cosas muy bonitas como que le encantaba el olor de mi piel o la suavidad de mis piernas, y que se había dado cuenta que mi cuerpo solo cambió de niña a mujer. Yo le creí. Eso es lo pasó. La oruga se convirtió en una mariposa, no en una vaca.
Las mujeres somos las enemigas más grandes de nosotras mismas. No voy a hacer dieta solo para complacer a Rita “la zorrita”. ¿O será que ese es mi gran problema? ¿Lo que me tiene alejada de los hombres? ¿Será que al final si soy una mujer obesa, que pronto no va a poder levantarse de la cama?
Lo siento, tengo que dejar de escribir, las lágrimas van a borrar la tinta. :(
domingo, 17 de mayo de 2009
Adiós Mario Benedetti
Murió Benedetti. Estoy triste. Creo que no había ningún escritor vivo al que le tuviera tanto cariño. No sé porque, pero por alguna razón lo sentía tan cercano. Creo que todo comenzó cuando leí “La borra del café”, en mi adolescencia, la cual debo haber terminado en tres días intensos. Luego conocí sus poemas, pero fue cuando encontré "Táctica y estrategia", que me enamoré. Es por mucho mi poema favorito y el mejor que he leído, de eso ya había hablado en este blog. Tengo que admitirlo, hice varias conquistas con ese poema como herramienta. Incluso hubo una época en que lo llevaba en una copia en la billetera, y pasó allí largo rato, sucio y arrugado. Para cuando decidí sacarlo ya me lo había aprendido.
Es triste decirle adiós a un “grande” como Mario Benedetti, porque aunque se quede su poesía, su prosa y sus palabras sueltas, hace falta. Ya se siente el vacío. Solo espero que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto, pueda al fin extenderle un abrazo.
Es triste decirle adiós a un “grande” como Mario Benedetti, porque aunque se quede su poesía, su prosa y sus palabras sueltas, hace falta. Ya se siente el vacío. Solo espero que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto, pueda al fin extenderle un abrazo.
Táctica y estrategia
Mario Benedetti
Mi táctica es mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
mo sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
sábado, 24 de enero de 2009
1492/ El nuevo Big Boss soy yo
Soy un reggaetonero frustrado. Mejor dicho, un escritor de canciones de reggaetón frustrado. Tal vez debería sentirme orgulloso de esto, pero la verdad está teniendo un efecto extraño en mí.
Lo descubrí esta mañana mientras venía a casa, aunque lo hice mucho tiempo sin darme cuenta. Una mañana bonita; yo venía escuchando una emisora pop cuando de repente, aparece un reggaetón, algo de Makano para ser exacto, que extrañamente ahora en este escritorio y sin la música, no recuerdo. Y sucedió a partir del segundo estribillo fluyó de mi una letra propia, alternativa y bastante pegajosa (con flow). Como una situación ensayada, automáticamente bajé el volumen del radio y empecé a divulgar mi composición.
Pude pasar cinco kilómetros cantando esa obra maestra, hasta que el salto en un policía muerto sacudió mi “sentido del ridículo” (eso que en teatro nos enseñaban a despojarnos). Caí en cuenta. Vengo produciendo, por llamarle de alguna forma, canciones reggaetoneras por algo más de un año, y no entiendo porque esa actividad se registraba secretamente para mi consiente.
Entonces me apené. Aunque por otro lado algo me decía que debía hacerle llegar esa canción por lo menos a Eddy Lover. Así que saqué mi celular, lo puse en modo de grabación y canté las dos estrofas y el coro, que había creado mientras manejaba. De repente se fue mi mente y me imaginé recibiendo regalías por mi éxito y sobre todo, lo más importante, siendo invitado a salir en el video rodeado de chicas en bikini.
Lo descubrí esta mañana mientras venía a casa, aunque lo hice mucho tiempo sin darme cuenta. Una mañana bonita; yo venía escuchando una emisora pop cuando de repente, aparece un reggaetón, algo de Makano para ser exacto, que extrañamente ahora en este escritorio y sin la música, no recuerdo. Y sucedió a partir del segundo estribillo fluyó de mi una letra propia, alternativa y bastante pegajosa (con flow). Como una situación ensayada, automáticamente bajé el volumen del radio y empecé a divulgar mi composición.
Pude pasar cinco kilómetros cantando esa obra maestra, hasta que el salto en un policía muerto sacudió mi “sentido del ridículo” (eso que en teatro nos enseñaban a despojarnos). Caí en cuenta. Vengo produciendo, por llamarle de alguna forma, canciones reggaetoneras por algo más de un año, y no entiendo porque esa actividad se registraba secretamente para mi consiente.
Entonces me apené. Aunque por otro lado algo me decía que debía hacerle llegar esa canción por lo menos a Eddy Lover. Así que saqué mi celular, lo puse en modo de grabación y canté las dos estrofas y el coro, que había creado mientras manejaba. De repente se fue mi mente y me imaginé recibiendo regalías por mi éxito y sobre todo, lo más importante, siendo invitado a salir en el video rodeado de chicas en bikini.

lunes, 8 de septiembre de 2008
1492/ Hijo de la gran Google
Aunque estuve a punto de ser adoptado por la Gran Madre Yahoo, tengo que aceptar que soy hijo de la generación Google. No puedo negarlo, me delata el Gmail, el Blogger, el iGoogle, Docs, GoogleCalendar, Earth, Youtube, GoogleNews y ahora Chrome. El gran nuevo nuevo imperio se ha construido en solo 10 años (que en este momento cumplen ¡Felicidades!). Son una empresa real (tal vez) sin comparación existente, basada en algo por lo que quince años atrás nadie hubiera dado un centavo, y que puso a temblar a grandes de la industria tecnológica (como Microsoft).
No pasa un día en que no deje de sorprenderme. Todavía muchas personas no se enteran de lo poderosa que es la empresa. Mi ejemplo más ilustrativo es el de aquellas personas que aun piensan que Internet es Google (por eso no me sorprende para nada que hayan sacado su propio navegador). La empresa es (o debo decir era, con todo lo que realmente ahora es) simplemente un buscador, de todo lo que hay en la web no la web en sí, pero viendo todo lo que hacen a veces da hasta temor. Realmente puede que no haya límites, lo último que leí es que la empresa lanzó su propio satélite al espacio.
¿Qué hace un buscador on line lanzando un satélite? Pues para responder esa pregunta habría que recitar diez años de logros, y logros, y logros (más millones, millones y millones {de dólares}).
No, a Google le tomó un par de días más que a Dios tener control del mundo, pero lo está logrando. ¿Qué será lo próximo?.
No pasa un día en que no deje de sorprenderme. Todavía muchas personas no se enteran de lo poderosa que es la empresa. Mi ejemplo más ilustrativo es el de aquellas personas que aun piensan que Internet es Google (por eso no me sorprende para nada que hayan sacado su propio navegador). La empresa es (o debo decir era, con todo lo que realmente ahora es) simplemente un buscador, de todo lo que hay en la web no la web en sí, pero viendo todo lo que hacen a veces da hasta temor. Realmente puede que no haya límites, lo último que leí es que la empresa lanzó su propio satélite al espacio.
¿Qué hace un buscador on line lanzando un satélite? Pues para responder esa pregunta habría que recitar diez años de logros, y logros, y logros (más millones, millones y millones {de dólares}).
No, a Google le tomó un par de días más que a Dios tener control del mundo, pero lo está logrando. ¿Qué será lo próximo?.

jueves, 4 de septiembre de 2008
Adios martes
Soy libre. Si ven mi último post ya la fotito no dice solo los martes. Decidí liberarme de eso. Decir martes era decir una cadena y la verdad muchas veces dejé semanas sin escribir por habérseme pasado el martes. Así que encontraran está tan preciada y malabárica columna cualquier día de la semana. Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado o domingo.
1492/ Tengo razón en que no tengo razón
Tengo un nuevo trabajo y un dilema, que casi no lo es. En principio estoy feliz, y eso es lo que está pasando, pero por otro lado hay quien dice que me alejo del periodismo, mi razón de ser, aunque yo pienso que no, que sucede lo contrario.
Mis aspiraciones en el periodismo rápidamente superaron la oferta. Estoy viendo, tal vez, más lejos de lo que debería, una era antes, pero me encanta tomar ese riesgo. Soy parte de un proceso novedoso. Trabajaré en innovación y emprendimiento, dos temas que si bien no conozco a profundidad, hace mucho que tienen mi atención y mi respeto.
Me encanta tomar este reto, que al contrario de lo que se piense, en vez de alejarme del periodismo me prepara para enfrentar retos más profundos en ese sentido y me encanta que este sea el camino. El periodismo es un comportamiento no un medio, menos en este tiempo.
He tenido una semana intensa de capacitación y aunque la mayoría de los cosas ya las había descubierto por intuición, estoy aprendiendo a llevar eso en el foco correcto. Tengo cuestionamientos nuevos cada cinco segundos y creo que ese ha sido el mayor aprendizaje.
Bajo la cabeza, y humildemente me digo: no tengo razón en todo. En parte creo que ese fue mi mayor obstáculo, pero me encanta estar aprendiendo a afrontarlo. “No sé nada”, esa será mi nueva premisa. Estoy dispuesto a aprender.
Lo que estoy aprendiendo no sólo cambiará mi blog y mi trabajo, también me hace comenzar un nuevo objetivo de vida. ¿No es aprender la razón de la vida?
Mis aspiraciones en el periodismo rápidamente superaron la oferta. Estoy viendo, tal vez, más lejos de lo que debería, una era antes, pero me encanta tomar ese riesgo. Soy parte de un proceso novedoso. Trabajaré en innovación y emprendimiento, dos temas que si bien no conozco a profundidad, hace mucho que tienen mi atención y mi respeto.
Me encanta tomar este reto, que al contrario de lo que se piense, en vez de alejarme del periodismo me prepara para enfrentar retos más profundos en ese sentido y me encanta que este sea el camino. El periodismo es un comportamiento no un medio, menos en este tiempo.
He tenido una semana intensa de capacitación y aunque la mayoría de los cosas ya las había descubierto por intuición, estoy aprendiendo a llevar eso en el foco correcto. Tengo cuestionamientos nuevos cada cinco segundos y creo que ese ha sido el mayor aprendizaje.
Bajo la cabeza, y humildemente me digo: no tengo razón en todo. En parte creo que ese fue mi mayor obstáculo, pero me encanta estar aprendiendo a afrontarlo. “No sé nada”, esa será mi nueva premisa. Estoy dispuesto a aprender.
Lo que estoy aprendiendo no sólo cambiará mi blog y mi trabajo, también me hace comenzar un nuevo objetivo de vida. ¿No es aprender la razón de la vida?

domingo, 31 de agosto de 2008
Salí en La Prensa
Hablé con Rella, de La Prensa, para que nos ayudara con la divulgación de Bloguea Panamá y me hizo un par de preguntas sobre la realidad local. Aquí reproduzco la nota que sacó hoy.
COMUNICACIÓN. POTENCIAL EN BITÁCORAS.
Aproximadamente 500 bitácoras panameñas están registradas en la página ‘http://www.blogspanama.com.
RELLA ROSENSHAIN
rrosenshain@prensa.com
El blog, considerado un diario virtual o una bitácora en la web, conmemora hoy su día en el ámbito internacional.
Por tal razón se celebra el “I Encuentro Virtual de bloggers Hispanos” con el proyecto www.diadelblog.com, organizado por un grupo de aficionados de 14 países, entre los que están República Dominicana, Argentina y España.
María Cristina Martínez, de Ecuador, forma parte del equipo coordinador, y comenta que buscan generar con el proyecto un espacio para que los bloggers “discutan, expongan y compartan temas en torno a la blogosfera, y aportar de esta manera en algo, a su desarrollo integral y evolución”.
En tanto, el directorio de blogs de Panamá (www.blogsdepanama.com), cuenta con aproximadamente 500 bitácoras nacionales registradas en el portal actualmente, afirma su administrador Jorge Yau. Sin embargo, aclara que “no hay una forma exacta de saber qué tan grande es la blogosfera panameña, ya que no todos los autores registran sus blogs en directorios”.
El blogger y periodista Dionisio Guerra recalca que se sorprende a sí mismo al contemplar la calidad de escritos que encuentra en blogs panameños. “Muchos de ellos son anónimos, muchos de ellos no saben el potencial que existe en esas bitácoras”, cita.
Mientras tanto, ejecutivos de la empresa chilena Gulliver, de consultoría para web sociales, organizarán mañana en el país la primera parte del taller gratuito “Bloguea Panamá”, de 1:30 p.m. a 5:00 p.m., en el Salón 301 en la Ciudad del Saber.
Según Pedro Verdugo, quien será uno de los expositores, en la actividad –que tendrá cierta orientación hacia emprendedores–, se buscará desarrollar en los participantes cómo cultivar una identidad propia en la web usando blogs.
La segunda sesión se realizará el 4 de septiembre en el mismo horario.
COMUNICACIÓN. POTENCIAL EN BITÁCORAS.
Por la identidad en la ‘blogosfera’
Aproximadamente 500 bitácoras panameñas están registradas en la página ‘http://www.blogspanama.com.
RELLA ROSENSHAIN
rrosenshain@prensa.com
El blog, considerado un diario virtual o una bitácora en la web, conmemora hoy su día en el ámbito internacional.
Por tal razón se celebra el “I Encuentro Virtual de bloggers Hispanos” con el proyecto www.diadelblog.com, organizado por un grupo de aficionados de 14 países, entre los que están República Dominicana, Argentina y España.
María Cristina Martínez, de Ecuador, forma parte del equipo coordinador, y comenta que buscan generar con el proyecto un espacio para que los bloggers “discutan, expongan y compartan temas en torno a la blogosfera, y aportar de esta manera en algo, a su desarrollo integral y evolución”.
En tanto, el directorio de blogs de Panamá (www.blogsdepanama.com), cuenta con aproximadamente 500 bitácoras nacionales registradas en el portal actualmente, afirma su administrador Jorge Yau. Sin embargo, aclara que “no hay una forma exacta de saber qué tan grande es la blogosfera panameña, ya que no todos los autores registran sus blogs en directorios”.
El blogger y periodista Dionisio Guerra recalca que se sorprende a sí mismo al contemplar la calidad de escritos que encuentra en blogs panameños. “Muchos de ellos son anónimos, muchos de ellos no saben el potencial que existe en esas bitácoras”, cita.
Mientras tanto, ejecutivos de la empresa chilena Gulliver, de consultoría para web sociales, organizarán mañana en el país la primera parte del taller gratuito “Bloguea Panamá”, de 1:30 p.m. a 5:00 p.m., en el Salón 301 en la Ciudad del Saber.
Según Pedro Verdugo, quien será uno de los expositores, en la actividad –que tendrá cierta orientación hacia emprendedores–, se buscará desarrollar en los participantes cómo cultivar una identidad propia en la web usando blogs.
La segunda sesión se realizará el 4 de septiembre en el mismo horario.
domingo, 24 de agosto de 2008
Bloguea PANAMA!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Esta es la oportunidad que habíamos estado esperando los blogueros locales, y nos llega gracias a el Acelerador de Empresas de Panamá de Ciudad del Saber. Agradezco que la difundan.
Si tienes un blog o estás pensando tener uno, estás invitado al taller "Bloguea Panamá".
Pueden participar todas las personas dispuestas a emprender la aventura de bloguear, o a bloguear la aventura de emprender, entre 0 y 110 años.
Constará de 2 sesiones
1 de Septiembre de 2008, de 1:30 p.m a 5:00 p.m.
4 de Septiembre de 2008, de 1:30 p.m. a 5:00 p.m.
¡TOTALMENTE GRATIS!!!!
(Click en la imagen para agrandarla)
martes, 5 de agosto de 2008
1492/ Las cosas que nunca dije
Me he caracterizado por ser sincero. Mucho, de sobra, en demasía, de más. Eso no siempre es bueno, no para mí, claro, para mí siempre está bien, porque aunque mucha gente dice que lo agradece, me consta que no es cierto. Nadie quiere que le sean sincero cuando vas a criticarle o estar en contra.
He sido sincero por ejemplo en la Universidad y me gané el odio de mucha gente. En mi casa lo he sido otras tantas veces y aunque no lo soporten, no pueden escoger largarme de su vida. Con mis amigos, lo soy un poco más. Con unos en mayor grado que otros.
Pero resulta que haciendo el recuento me doy cuenta que no he sido tan sincero como hubiera querido, sino que he sido sincero en ocasiones donde no me importa herir susceptibilidades. Me quedo pensando que hay cosas muy fáciles de decir: "no me gustas", "así no va a funcionar", "no te soporto", "Eres mucho para él", "hoy no”, “te detesto (sí, a ti te detesto)", "bruta", “me siento solo”, "me avergüenzas", "en serio, me gustas mucho y quisiera que esto fuera más formal" o "me alegro de tu elección", “necesito ayuda”, “no”, “escúchame”.
Las cosas que no llego a decir a veces me pesan, porque están allí siempre queriendo salir a flote. En cada oportunidad un nuevo intento, y aunque lo más probable es que en algún momento lleguen a salir, muchas permanecen años revoloteando en mi lengua esperando que yo las libere. No me cuesta que salgan porque como dije muchas de esas frases son una carga, solo que toman tiempo en madurar y salir.
He sido sincero por ejemplo en la Universidad y me gané el odio de mucha gente. En mi casa lo he sido otras tantas veces y aunque no lo soporten, no pueden escoger largarme de su vida. Con mis amigos, lo soy un poco más. Con unos en mayor grado que otros.
Pero resulta que haciendo el recuento me doy cuenta que no he sido tan sincero como hubiera querido, sino que he sido sincero en ocasiones donde no me importa herir susceptibilidades. Me quedo pensando que hay cosas muy fáciles de decir: "no me gustas", "así no va a funcionar", "no te soporto", "Eres mucho para él", "hoy no”, “te detesto (sí, a ti te detesto)", "bruta", “me siento solo”, "me avergüenzas", "en serio, me gustas mucho y quisiera que esto fuera más formal" o "me alegro de tu elección", “necesito ayuda”, “no”, “escúchame”.
Las cosas que no llego a decir a veces me pesan, porque están allí siempre queriendo salir a flote. En cada oportunidad un nuevo intento, y aunque lo más probable es que en algún momento lleguen a salir, muchas permanecen años revoloteando en mi lengua esperando que yo las libere. No me cuesta que salgan porque como dije muchas de esas frases son una carga, solo que toman tiempo en madurar y salir.

martes, 15 de julio de 2008
1492/Etiquétame
Tengo la habilidad de reconocer la historia de la gente con solo mirarlos. Más que todo la uso para saber cuan inteligentes son las personas, porque detesto la gente descerebrada. No me llevo chascos, lo que veo es lo que es. Mentiroso, cochino, vulgar, infiel, bruta, pervertido, enferma, incapaz, lento, idiota, mormón.
Eso me sirve para hacer la selección que según la vida debería hacer la naturaleza. Puedo ver las más profundas perversiones de la gente en sus ojos, saber su historial sexual por el número de parpadeos por minuto, su educación por la forma en que mueven los labios y cuánto se asea por la separación que hay entre sus cejas.
No conozco a nadie que me haya dado una primera impresión mala y que después la haya cambiado. Soy de los que dicen sí a las primeras impresiones, porque así me ha funcionado. Ando haciendo “tags” por la vida sin que nadie me controle y me gusta. ¿Quién me puede decir que está mal etiquetar a un político como “anormal”, cuando es lo mejor que se le puede decir, o llamar a un compañero lujurioso “enfermo”, cuando no encuentras una palabra más acorde para su comportamiento?
Tengo que decirlo antes de terminar, no me gusta que me etiqueten. Por la sencilla razón de que todo el mundo cree hacerlo de la forma correcta, pero no tienen la menor idea de lo que hacen. No soy un sujeto etiquetable, pero si por algún razón yo me topara un día a mi mismo por la calle, al pasar a mi lado, me miraría de reojo y murmuraría para mi “perfecto”.
Eso me sirve para hacer la selección que según la vida debería hacer la naturaleza. Puedo ver las más profundas perversiones de la gente en sus ojos, saber su historial sexual por el número de parpadeos por minuto, su educación por la forma en que mueven los labios y cuánto se asea por la separación que hay entre sus cejas.
No conozco a nadie que me haya dado una primera impresión mala y que después la haya cambiado. Soy de los que dicen sí a las primeras impresiones, porque así me ha funcionado. Ando haciendo “tags” por la vida sin que nadie me controle y me gusta. ¿Quién me puede decir que está mal etiquetar a un político como “anormal”, cuando es lo mejor que se le puede decir, o llamar a un compañero lujurioso “enfermo”, cuando no encuentras una palabra más acorde para su comportamiento?
Tengo que decirlo antes de terminar, no me gusta que me etiqueten. Por la sencilla razón de que todo el mundo cree hacerlo de la forma correcta, pero no tienen la menor idea de lo que hacen. No soy un sujeto etiquetable, pero si por algún razón yo me topara un día a mi mismo por la calle, al pasar a mi lado, me miraría de reojo y murmuraría para mi “perfecto”.
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