jueves, 10 de julio de 2008

1492/ Esas malditas diez

Es oficial, tengo diez libras de más. Yo, el tipo con el metabolismo más fenomenal del planeta, me declaro con problemas de peso. No sé cuando sucedió ni cómo. Mentira. Si sé cuando sucedió y cómo. Y como y como y como, y por eso aumenté.
Siempre he sido flaco. Muy flaco para algunos gustos, y siempre me recomendaban que aumentara un par de libras, y yo pensaba que sí, que unas libritas no son nada, pero ahora que está sucediendo de verdad, me doy cuenta que no, que sencillamente no me interesa. Dejé de hacer ejercicios por unas semanas, y prácticamente me he convertido en un gigantesco menjunje de libras.
El asunto es grave. No se trata de un par de libras que pueden disimularse fácilmente, se trata de que mi cuerpo está experimentando toda una metamorfosis. Me cuesta hacer movimientos rápidos de cintura, no quepo por los lugares adecuados y, lo peor, el 80% de mis pantalones, ya casi no me quedan.
Soy talla 30 desde hace cinco años y no pienso aumentar una talla más, en realidad me rehúso. Subir de medida, sería darle la batalla a la obesidad. Primero sería el 32, luego 36, al final tendría que mandar a hacer mis pantalones con un sastre, porque no habría talla que atajara mi gordura.
Así que “diez libras” les declaro la guerra. Prometo ponerme al día en mis ejercicios y cerrar la boca, porque ese es mi gran pecado, amo la comida por sobre todas las cosas. Ahora, sobre mi guerra, solo necesito un mes. Denme un mes, de puro sudor, y esas diez toneladas serán historia.



viernes, 4 de julio de 2008

Lucy escribe con frio

Mi amiguita Lucy Calderón, de Guatemala, fue seleccionada por la Federación Mundial de Periodistas Científicos, para una cobertura extrema a bordo de un barco hacia el Polo Norte. Ella está en el CCGS Amundsen, un rompehielos canadiense donde varios científicos efectúan investigaciones sobre el cambio climático. La envidiable experiencia es única, pero somos afortunados porque Lucy nos las describe a ratos súperabrigada desde su portátil.
Nuestro orgullo más grande es que Lucy es la ÚNICA Latinoamericana que va dentro del barco.Léanla en http://www.prensalibre.com/pl/2008/me/



Ovni en Panama???

Víctor Santos Gonzalez, residente en el Cangrejo hizo esta filmación la semana pasada. El vídeo me parece totalmente real, lo que no sé explicar es de qué se trata el interesante fenómeno que aparece en él. Juzguen ustedes mismos.



miércoles, 2 de julio de 2008

1492/ Cine y necia

Tengo un aprecio especial por el cine. Por el buen cine, por el cine malo, por las películas en general. Siempre he dicho que asistir a ver una película no es una actividad social ni mucho menos romántica, pero hay personas, creo que sobre todo en esta ciudad, que se empeñan en querer transformar mi afirmación. Claro que sin éxito.
El fin de semana fui con mis amigos a ver la película del simpático Wall-E, pero que no pude disfrutar por la exhaustiva participación de una narradora situada justo a mis espaldas, que hoy, varios días después sigo pensando que carecía de inteligencia alguna.
La historia del robotcito entró buena por mis ojos, pero se iba destruyendo a través de mis oídos. La chica con deficiencias intelectuales vociferaba para toda la sala lo que iba sucediendo y eso de pronto me hacia odiar cada cosas que aparecía en la pantalla. De vez en cuando deseaba que la pantalla se quedara en blanco, solo para que ella dejara de hacer sus tontos comentarios.
Cuando estábamos a punto de suicidarnos, se me ocurrió devolverle el favor y con ayuda de mi amiga, comenzamos a describir cada cosa que sucedió. Creo que entendió, porque bajó la guardia, lastimosamente solo por diez minutos.
Por fortuna, la película era corta, como el cerebro de la chica, pero la rabia nos ha durado hasta ahora. Repito, el cine no es social, espero que aquella mujer pueda entenderlo alguna vez. Por mi parte prometo que la próxima vez que me encuentre en una situación similar no seré cortés.



martes, 17 de junio de 2008

1492/ Ropa sucia (sí, también es un cuento)

Dos palabras. Una sentencia. “No vuelvas”. Se lo susurró al oído mientras dormían y cuando se levantó, horas después que se había ido a trabajar, no estaba segura de qué tan real había sido ese sueño.
Sin importarle siguió allí. Se sirvió su habitual taza de café, y dejó el sobre de la mesa con las marcas oscuras de su trago mañanero. Más tarde tomaría otra siesta, leería una revista, se daría una ducha, comería y se acostaría dormir.
Cuando llegó la encontró nuevamente en la cama. Ella no se dio cuenta pero él le volvió a susurrar lo mismo todas las noches durante cuarenta días. No se veían, no se hablaban, prácticamente el único intercambio que hubo entre ellos eran esas dos palabras.
Un día de esos, cuando él llegó y la casa parecía la misma, sin embargo no lo era. Ella ya no estaba. Él solo supuso que se había ido, y continúo haciendo todo como en los últimos días donde el único momento en el que se daba cuenta de su existencia era por el espacio, más vale decir reducido, que ella ocupaba en la cama.Era lunes. Recogió las sabanas sin repararlas y las tiró a un canasto de plástico donde reposarían hasta el fin de semana. Encendió un cigarrillo, casi desorientado, mientras en la casa un silencio absoluto se apoderaba de todo, pero cuando miró a la ventana sintió su presencia. La buscó por todos lados, pero no tuvo éxito. Se sintió traicionado y culpó a su mente por el asunto, pero ella seguía allí, nunca se había ido, solo que el aún no había reparado en la ropa sucia.